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Es un lugar de hombres homosexuales que buscan la masculinidad, la virilidad y el cumplimiento del pacto de caballeros como todo leather real en el mundo.
Buscamos un intercambio sano y responsable de nuestras ideas, necesidades, compartir material, reforzar la relación entre todos los miembros, buscar un espacio donde realizar nuestras actividades en forma segura, convivir, apoyar e informarnos, sobre todo que haya una información y una didáctica para difundir y aclarar las dudas y conocer la amplitud de la Cultura Leather en Rosario, Santa Fe, República Argentina.
martes, 25 de febrero de 2014
Sacrificando libertad, comodidad y orgullo...
1. Libertad
2. Comodidad
3. Orgullo
Quitar la libertad significa que elimino su capacidad de moverse, o restrinjo uno más de sus sentidos. Tal vez no permito que vea, o que hable. Definitivamente no dejo que se mueva - en absoluto-.
Quitar la comodidad significa básicamente inflingir dolor. Varios niveles de dolor, por supuesto - no soy un sádico profundo. El nivel de dolor que infrinjo está directamente relacionado con el nivel de dolor que se requiere para que él esté “incómodo”. En otras palabras, no azotar duramente a alguien que se estremece a nivel masivo con un bonito y fuerte mordisco en la clavícula o en la parte interior del muslo. En diferentes hombres funcionan diferentes tipos de dolor...y yo encuentro cual y cuanto es la cantidad justa para que él lo sienta, y sienta lo que le estoy haciendo.
Quitar el orgullo significa hacer que se sienta desamparado, vulnerable, débil, o asustado.
Ahora, mirando estas tres cosas, he aprendido que algunos hombres pueden tolerar alguna de las tres mejor que otros. Me intriga hasta el infinito como los sumisos y no sumisos (por ejemplo, víctimas inocentes) ven cada una de estas cosas en el medio de una escena es frecuente que de a escoger a mi víctima su próximo tormento - cuál es peor, perder uno de sus sentidos, sufrir dolor?. Preferirías perder tu orgullo a quedar desamparado?. Vale la pena el dolor con tal de salvar tu ego?
Estos son pequeños momentos excitantes en los que me gusta observar, deseo estar dentro de su cabeza para ver como evalúa el precio de su orgullo contra las sensaciones de miedo, o viceversa.
Me gustaría que los sumisos me dijeran sus pensamientos sobre estos tres tormentos.
Para ser justo, profundizaré un poco más sobre las tres, y sobre lo que me provocan. Y, por supuesto, me gustaría oír de otros Amos cual de estas les excita más, y si alguna de las tres no les provoca nada en absoluto.
En un sentido amplio, el deseo de sacrificarse en cualquiera de las tres mencionadas es lo principal en mi lista. Básicamente, saber que él se somete a algo que no le gusta, sólo para que yo me excite, es lo que realmente hace la diferencia para mí. Todo lo que viene después es casi irrelevante - pero yo obtengo muchísimo placer llevándolo a esos terrenos, y asegurándome de que su sacrificio es un sacrificio real.
Dentro de la escena, me excita muchísimo ver como reacciona y maneja mis tormentos, y ver cómo reacciona con mi evidente placer al torturarlo. Sí, lo disfruto mucho. Nada me entusiasma más.
La libertad, por supuesto, es mi más grande perversión dentro de la perversión. Ver cómo reacciona a las cuerdas cuando son ajustadas, o a una mordaza siendo puesto en su boca. Ver como lidia con la realidad de que allí estoy yo.
Además, pienso que los hombres se ven “bien” atados. La restricción es sexy. Puede que tenga que ver con cuanto adoro observar las luchas. Especialmente las luchas sin sentido. Adoro sentarme y proferir una risita siniestra, diciendo "es inútil que te resistas".
Y también está el dolor. Quitarle la posibilidad de que se siente cómodamente. Hacer que soporte cosas que su cuerpo le grita que NO acepte más. Más que nada, creo que amo las reacciones físicas cuando se sufre dolor, la lucha, la mirada suplicante, los gemidos. La forma en que se retuerce en vano, tratando instintivamente de escaparse.
Por supuesto, lo más trágico e interesante de todo - el precioso ego masculino. Creo, y esto es una especulación, que sacrificar el orgullo está entre las cosas más difíciles de hacer para un hombre, aún por el Amo que más le importa. Todo en su educación le indica que no lo haga. Esto es lo que hace a este regalo tan especial. He visto hombres optar por niveles de dolor diez veces superiores sólo para evitar tener que arrastrarse por el suelo y lamer mis botas. He visto hombres aterrorizados de ponerse un par de pantys por miedo a lo que pudieran sentir.
Quizás esta es la causa por la que este tipo de sumisión es tan dulce. Una vez que él está allí, es tan vulnerable. Como un niño. Es como si la dura capa exterior se hubiera roto, y lo que quedara fuera un niño tembloroso y aterrorizado. Rasgo su piel y juego delicadamente con sus partes más preciosas, y él tiembla, se estremece, y lo acepta.
Sin embargo, aún hay mucho más. Una de las razones por las que paso un mal momento escribiendo artículos como este es que me siento escribiendo breves notas sobre algo que merecería novelas enteras. Estas son sólo tres, por supuesto, de las categorías principales del juego a las que me veo volver una y otra vez. Agradezco las respuestas de cualquier tipo.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Porqué odio que los hombres me llamen "Amo"
lunes, 17 de febrero de 2014
BDSM Y EL MASOQUISMO EMOCIONAL
más incisiva que la del dolor."
Marqués de Sade
"...un sádico es siempre un masoquista
al mismo tiempo."
Sigmund Freud
El término masoquismo define el placer sexual asociado con el deseo de recibir dolor, humillación o dominación; este término fue descripto por el médico alemán Kraft Ebbing, tomándolo del apellido de un profesor de Historia y luego devenido novelista, el austríaco Von Sacher Masoch que escribió varias obras de tono masoquista, de las cuales la más famosa es "La Venus de las pieles": allí cuenta que se hacía castigar por una dama envuelta en pieles.
Podemos hallar los primeros registros históricos de estas prácticas en la Roma Imperial, como en los escritos de Juvenal en su "Sátira VI". El escritor Petronio, en su "Satiricón", relata la utilización de la flagelación como tratamiento contra la impotencia: cuando el joven Encolpio, aquejado de dificultades en la erección, consulta con la sacerdotisa, ésta le propone flagelarlo con ramas de ortiga (con fama de afrodisíaca) mientras sería penetrado con un olisbos (falo de cuero) untado en aceite de oliva. Encolpio huye espantado curándose así de su impotencia (cómo se verá se transitó mucho camino hasta llegar al Viagra).
El primer intento sistemático de explicar el castigo como estimulante de la sexualidad fue planteado por el médico alemán Meibom, cerca del 1600, en un tratado llamado "Del uso de la vara en la cosa venérea y en el oficio de los lomos y de la riñonada" donde indica que "los azotes debían aplicarse en las nalgas, porque de esta manera se transmitía calor a las zonas productoras de semen, el que vigorizado descendía hacia el pene produciendo su erección".
Volviendo al 1600: en esa época la flagelación invade la vida erótica europea y se la llegó a llamar “el vicio inglés” (aún hoy se debate en algunos colegios ingleses el hábito de flagelar o no a los alumnos castigados). Fue, precisamente, en Inglaterra donde se crearon establecimientos destinados a la flagelación, a los que concurrían los más encumbrados personajes del país. Durante el período de la Regencia (siglo XIX), el más conocido fue el dirigido por Teresa Berkeley la cual, además de sus habilidades personales, ofrecía una máquina como el "caballo metálico" inventada para "torturar caballeros".
Rousseau, en las "Confesiones", plantea su obsesión de generarse placer siendo flagelado. Si bien es cierto que algunas personas necesitan ser castigadas y golpeadas físicamente para lograr el goce, hay muchas otras que procuran verse humilladas y sometidas, configurando extraños y complicados rituales dignos de la mejor ficción literaria del marqués de Sade quien, en sus obras –y en su vida-, inmortalizó muchas de estas fantasías o ceremonias masoquistas. Es cierto que con más frecuencia esta práctica de recibir castigos corporales es más frecuente en varones y que la mujer, como dicen algunos investigadores, es más proclive a un "masoquismo emocional".
Esta necesidad de denigración y vejámenes, cuando es constante y excluyente como práctica sexual desviada (parafilias) suele connotar características neuróticas relacionadas con la culpa y entroncadas con los vínculos de la infancia.
En muchos de estos casos cuando traen aparejadas serias limitaciones entorpecen las relaciones afectivas de un individuo las psicoterapias (psicoanalíticas o con técnicas conductuales o de PNL, suelen remover estos traumas y fijaciones. Si ostentan características compulsivas, con riesgo físico o con gran daño emocional, y donde lo tanático vence a lo erótico es necesario, además, medicarlos con distintos psicofármacos.
domingo, 16 de febrero de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
¿Por qué nos gusta besar?
Los besos son una forma cultural del cariño, del afecto y del deseo. Besamos por las razones más extrañas –para hacerle saber al otro que lo queremos, que queremos tener sexo, o simplemente porque es divertido. Pero el acto de besar puede encerrar algunas claves de nuestra evolución como especie a través del cuidado que nuestras madres nos dan cuando nacemos, además de proveer información valiosa sobre nuestro estado de salud y nuestra aptitud para el apareamiento.
Los besos se sienten bien. Un buen beso quema entre 2 y 3 calorías por minuto, descargando epinefrina y noreprinefina haciendo que tu corazón lata más rápido, además de estar relacionado con la disminución del llamado “colesterol malo” y con una disminución de la percepción del estrés. Pero el beso no es solamente lo que ocurre durante el beso, sino también lo que el beso produce y comunica a pesar de nosotros mismos.
Los psicólogos evolucionistas han llegado a la conclusión de que lo que hoy conocemos como “beso” fue en algún momento una forma de alimentación, que consiste en masticar la comida y pasarla a otra boca, de los hijos, por ejemplo —muy parecida a la que vemos en los pájaros y algunos primates aún hoy en día.
Pero esta forma de alimentación no era extraña hace no mucho tiempo: antes de los alimentos procesados para bebés y las licuadoras, las madres podían ahorrar tiempo y alimentar de boca a boca a sus hijos, transmitiendo además una dosis extra de zinc, hierro y carbohidratos a través de la saliva.
Además, la saliva del adulto puede transferir generadores de anticuerpos, sumado a que la comida predigerida puede ser absorbida más fácilmente por los bebés. Los rostros, además, son el primer contacto que tienen los seres humanos con el mundo, pues durante los primeros meses no pueden enfocar a una distancia mayor de 25 cm., más o menos la distancia entre el rostro del infante y el de su madre durante la lactancia.
La saliva además es una especie de huella digital: transfiere información a la otra persona sobre tu estado de salud, y los receptores de mucosa en nuestras bocas son sensibles a hormonas, como la testosterona. De hecho, un buen beso podría ser indicador del tipo de pareja potencial que el otro podría ser para ti –todo a nivel hormonal, recordemos.
Pero no todas las culturas utilizan el beso como “muestra gratis” o atisbo de una pareja potencial. Algunas investigaciones creen que los besos pudieron haber sido favorecidos evolutivamente con recompensas para nuestro cuerpo como mecanismo para lidiar con la incertidumbre y la elección. Por decirlo así, la naturaleza nos fuerza a probar y descartar, de modo que encontremos una pareja apta para el apareamiento.
Y si todas estas explicaciones no bastaran, la más simple sigue siendo la más convincente: besar se siente bien.
Fuente: In Out Post

