Este es un espacio dedicado a difundir la cultura leather, el fetichismo por el cuero y buscar la integración de la comunidad leather de Rosario, son bienvenidos todos los buenos leather.
Es un lugar de hombres homosexuales que buscan la masculinidad, la virilidad y el cumplimiento del pacto de caballeros como todo leather real en el mundo.
Buscamos un intercambio sano y responsable de nuestras ideas, necesidades, compartir material, reforzar la relación entre todos los miembros, buscar un espacio donde realizar nuestras actividades en forma segura, convivir, apoyar e informarnos, sobre todo que haya una información y una didáctica para difundir y aclarar las dudas y conocer la amplitud de la Cultura Leather en Rosario, Santa Fe, República Argentina.

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sábado, 7 de junio de 2014

Prácticas en el Bondage.

El Bondage debe ser practicado con toda la frecuencia que permitan las circunstancias y diariamente, si Dominante y sumiso conviven juntos. Se debe practicar, además de en las sesiones de adiestramiento y disciplina, en cualquier momento del día y debe convertirse en un hábito y obligación para una y otra parte.

El Dominante debe imponerlo y el sumiso debe aprender a soportarlo llegando a cumplir sus deberes cotidianos en la intimidad llevando, con paciencia y sumisión, el Bondage que su Amo le imponga.

Pongo algunos ejemplos. El sumiso debería llevar, en casa, todo el tiempo, grilletes en los tobillos, sean metálicos o de cuero.

Sus manos deberían estar atadas o engrilletadas, cuando menos, delante, excepto cuando las tareas que se le encomienden aconsejen no imponérselo.

Sus agujeros naturales deben ser penetrados con penes de caucho bien sujetos con cuerdas o correas si bien no hace falta que sea todo el tiempo pero si buena parte de él.

Parte del tiempo debe estar amordazado. Excepto cuando se den riesgos de accidentes, ea sumiso debería llevar puesto algún tipo de prenda que limite el uso de sus sentidos como un burka con collar ceñido y rodeándole el cuello o una capucha de disciplina.

Llevar ese Bondage durante horas (con sus descansos necesarios) es una inyección continúa de influencia dominante que da sus buenos frutos, en especial cuando el sumiso aprende a vivir en esa incomodidad y limitación de movimientos para y por su Amo. También debería ser atado para dormir, en el grado de severidad que el soporte y, por supuesto azotado cada noche.
 
 El Bondage debe ser además:

 - Duro y cruel, desde un mínimo hasta un extremo soportable. Por mínimo que sea, una cierta dosis de crueldad del Dominante debe imponerse.

- Incómodo todo lo que se pueda pero adaptado a las tareas que se hayan ordenado hacer a el sumiso llegando a ser totalmente inmovilizador y doloroso cuando no se necesite que el sumiso realice función alguna. El sumiso solo debe descansar cuando proceda pero nunca mientras sufre el adiestramiento de Bondage.

- Incomunicador de el sumiso hacia el exterior o dicho en otras palabras, debe buscarse que pierda temporalmente el control de todos o de parte de sus sentidos para que el sentimiento de obscuridad, silencio, etc., es decir de incomunicación, le hagan depender aún más psicológicamente de su Amo y vincularse a él.

- Inescapable, (esta palabra no está en el DRAE pero refleja bien lo que quiero explicar), es decir que el sumiso no pueda liberarse, de él, en ningún caso. Esto obliga al Dominante a aplicar medidas de seguridad que podrían llegar a implicar la presencia de una tercera persona, para caso de emergencia. 

- Educativo, y esto es lo más importante de todo. El Bondage debe enseñar y educar al sumiso a profundizar en su sumisión, a entregarse más a su Dominante, a estar más y más dispuesto y a ser capaz de aguantar y soportar cada día más para mayor dicha y orgullo de su Amo. La cuestión ahora es ¿cómo transmitir esa educación a través del Bondage?, pues de muchas maneras de las que citaré algunas.

- La primera vía de educación es la palabra, sabiendo hablar en tono autoritario, firme, sereno y templado al propio sumiso explicándole que todo lo que el Amo hace e impone es por su bien y por hacer de el un sumiso digno de su Amo. El estilo queda al talento de cada uno.

- La segunda es la ritualidad y la solemnidad con que se aplica el Bondage. Atar al sumiso a una silla no educa demasiado, atarlo de rodillas de cara a un rincón y hacer que, si no está aún amordazado, dirija a su Amo unas palabras de agradecimiento y de entrega de forma ritual, al tiempo que baja su cabeza ante una vela encendida, pues sí.

- Continuo o semi-continuo, sobre lo que ya diserté antes.

- Integrador de otras técnicas con objeto de aumentar la presión educativa sobre su sumiso. 

Por ejemplo, si se van a aplicar pinzas en las partes sensibles del cuerpo del sumiso, se procurará que el Bondage aplicado previamente deje las zonas a pinzar accesibles. El Bondage siempre se debe aplicar en unión de otras técnicas como azotamientos, pinzamientos, castigos estáticos, aislamiento, etc.

- Transmisor de sensaciones de total indefensión e impotencia que hagan al sumiso depender al 1000% de su Amo, física y psíquicamente.

- Multiplicador de inmovilización. Esposar unas manos con esposas metálicas somete. Atarlas además con cuerdas, cuando no es necesario ya debido a las esposas, somete el doble porque el sumiso siente la “energía” dominante contenida en esa doble y aparentemente innecesaria duplicación. Amordazar al sumiso somete porque aumenta su indefensión pero ponerle además una capucha de tela o de cuero, en la cabeza, le provoca una sensación de indefensión mucho mayor.

- Humillante, es decir, debe inspirar en el sumiso, el sentimiento de empequeñecerlo y desposeerlo de cualquier atisbo de libertad y personalidad “libre” frente a su Amo.

Para lograrlo, hay que combinar la técnica inmovilizadota con la actitud humilladora.
Por ejemplo, ¿es hora de comer?, pues se le pone en un plato la comida y se le hace comer atado en el suelo en un “hogtie” y usando solo su boca. Aquí la imaginación humana nos podría llevar a situaciones de lo más excitante.

- Atemorizador. El sumiso debe aprender que por muy duro y cruel que sea un Bondage, siempre podrá haber uno peor al que someterlo si se queja.

- Extensivo a la mayor parte de su cuerpo. Cuantas más partes de su cuerpo y sentidos queden restringidos mejor.

Concluyendo y resumiendo. El Bondage es una técnica excitante, muy útil y enormemente educativa a la que se le debe sacar el mayor provecho posible pero no olvidemos que siempre deberemos practicarla integrada con todas las demás técnicas de dominación y que debe ser dirigida y subordinada a un fin superior cual es educar y domar la personalidad del sumiso para ponerla totalmente entregada al servicio del Dominante.

Si lo logramos, la magia surgirá por sí misma y disfrutaremos de ella, tanto el Dominante como el sumiso.

viernes, 6 de junio de 2014

AMOS, MACARRAS, Y RECEPTORES DE ENTREGA

P o r N o m a r _ T f

A la hora de empezar este articulo quiero dejar claro que soy consciente de que toda generalización es un error y por lo tanto este articulo parte de esa premisa en la cual habrá controversia, pues no todos somos exactamente de un grupo definido y si una mezcla de todos ya que cada uno de nosotros somos particulares.

Una de las cosas que mas destacan en la postura dominante es la confusión que tiene la parte sumisa en distinguir a los Dominantes, esas posturas que todos ponemos en las cuales unos las hacen naturales y otros las hacen estudiadas y hacen que la parte sumisa se confunda.

Como dice el titulo del artículo la diferencia de Dominantes, es casi tanta como Dominantes habemos, pero aquí se intenta englobar en tres grandes grupos, sin entrar en las prácticas personales ni en gustos particulares.

Amo: Aquel Dominante que el sentido de la propiedad lo tiene acentuado, no solo se dedica a mandar sobre su posesión, sino también se preocupa de ella, la cuida, la mima incluso, la embellece, la consolida y la hace avanzar por su propio camino, camino que el recorre a su lado sufriéndose como el los altibajos en la relación, llevándose las alegrías, y apenándose cuando corresponde. Es el que además de recibir la entrega del sumiso, lo dirige y domina incluso en aspectos fuera de este mundillo, igual puede dirigir su comida, de sus orgasmos, se preocupa de que sea eficiente en su trabajo, de que no solo avance como sumiso, sino también como persona, de su cultura, de su físico, de su mente y de su personalidad. Que cuando su propiedad esta en momentos bajos el se preocupa de elevarla y cuando esta en momentos altos de frenarla.

Normalmente este Tipo ha llegado a este mundillo con una necesidad de cubrir unos sentimientos que tiene intrínsecos, él, siente la necesidad de controlar, de dirigir, se encuentra mal cuando no lo hace. Confía plenamente en su propiedad, siente con ella y sabe de sus pensamientos y sensaciones. Puede tener varias propiedades y las cuida casi por igual. Su postura ante los demás suele ser natural, no precisa de demostrar nada ante nadie pues cubre sus sentimientos y sensaciones con su forma de ser. Sus técnicas suelen tener más de pasión que de técnica, hace lo que siente, estudia lo que le gusta y aunque conoce varias prácticas normalmente solo aplica aquellas que le satisfacen.

Demuestra sus sentimientos sin rubor, sus propiedades saben de cada una de sus sensaciones y se preocupan por ellas.

No le preocupa mostrar sus debilidades, son parte de él y sus propiedades le aceptan tal y como es.

Se preocupa mucho por sus sentimientos y el de sus propiedades sin importarle excesivamente el exterior. El “que dirán” se la trae al pairo, tiene claro quien es como es y como lo quiere.

Macarra: Es aquel Dominante que basa su Dominación en el aspecto sexual casi íntegramente, no le preocupa para nada su propiedad mas que por el uso que pueda darla, puede explotarla no solo en el terreno sexual, sino en mil y una forma y cuando esta propiedad deja de serle interesante por no darle los “beneficios” que espera de ella la tira cual pañuelo de papel usado.

Suele tener posturas muy altisonantes, incluso déspotas con otros Dominantes, recordad que tiene que demostrar siempre que es tan bueno y tan insensible que nada le afecta, que el está de vuelta de todo, ha vivido todo, y es él el que decide. Ha llegado por mil razones a este mundillo y se encuentra a gusto en el, ya que le reporta beneficios personales, ya no solo económicos, que también.

Controla a su propiedad, pues desconfía de ella y de las influencias exteriores no sea que le “abran los ojos”. Cuando deja de interesarle la propiedad, cualquier excusa es buena, por lo más nimio, para abandonarla. Suele ocurrir cuando ve que otra propiedad es más productiva.

Puede tener varias propiedades y crea rivalidad entre ellas a los efectos de que produzcan cada vez más.

Su postura ante los demás es de demostrar continuamente lo bien que domina, lo bueno que es y su actitud es siempre un escaparate para posibles propiedades futuras.

Su técnica esta muy estudiada, precisa de conocer para demostrar que es bueno, para no quedar nunca por debajo de nadie. Conoce y pule todo tipo de técnica, Y las pone en práctica según sus intereses.

Nunca refleja sus sentimientos, él esta por encima de todo eso.

Nunca tiene debilidades, no puede permitírselas, ni ante sus propiedades ni ante nadie.

Le preocupa su reputación ya que es su escaparate, procura que los demás siempre hablen bien de él ya que con ello aumenta su prestigio y tanto sus propiedades, como futuras, le son mas asequibles. No permite nunca que se hable mal de él ni por una antigua propiedad ni por nadie.

Receptor de Entrega: Es ese Dominante que prácticamente no domina, que recibe la entrega del sumiso. Es un “Amo dócil” ya que cuando el sumiso le viene de cara todo son alegrías y que cuando no le viene no le preocupa, su actitud parece ser distante cuando la propiedad se le entrega y puede llegar a ser rastrera cuando la propiedad se va intenta por todos los medios que no se vaya incluso rebajándose a niveles imposibles. Suele aprovecharse de la necesidad de entrega de la propiedad para desarrollar su labor.

Llego a este mundillo por el morbo que da la sensación de Dominación y el poder que se tiene sobre otros, pero el realmente no siente cuando domina, sino que aprecia la entrega de la propiedad. Hace pocos planes, no confía en poderlos llevar a cabo, y no tiene la confianza en la propiedad que posee el que Domina, desconfía de su propiedad y precisa de controlarla continuamente para que no se le escape. Puede tener varias propiedades pero siempre que no le den excesivo trabajo. Su Actitud suele ser muy estudiada, mira a los demás y ve la postura que les funciona y el la pone en práctica.

Sus prácticas suelen ser “de libro” precisa de conocer y saber, para no quedarse atrás, Así su postura siempre esta a la “ultima” y sus técnicas son perfectas, estudia las técnicas que sus propiedades prefieren y se hace experto en ellas a los efectos de tenerlas atrapadas con los propios gustos de la propiedad, en el fondo es la propiedad quien rige en la relación.

Sus sentimientos solo los deja entrever si la cosa no funciona, para que la propiedad siga entregándose.

Sus debilidades se conocen a través de la relación pero él no las muestra, engaña a sus propiedades culpando al resto del mundo de sus mismas debilidades.

Precisa de tener una buena reputación, con ello tiene mas posibles candidatas a entregarse, se le entregan por que es dicen que es bueno.

Bueno seguro que cualquiera que lea este artículo podrá incluir varios tipos mas así como subtipos y mezclas entre ellos.

La verdad a la hora de calificar, simplemente se ha intentado generalizar, y si tuviese que poner ejemplos seguramente no podría poner ninguno…… ¿o si?

En todo caso es a Uds. los lectores a los que les toca encasillar a la gente y no a este “junta letras” que no ha hecho nada mas que poner en negro sobre blanco, una pobre reflexión.

Nota:
macarra adj.
1 fam. desp. Que pretende ser elegante y en realidad es vulgar, ordinario y de mal gusto: siempre viste con ropa macarra.
— adj./s. com.
2 Se aplica a la persona que se comporta de manera vulgar y agresiva.
— s. m.
3 Hombre que vive de las ganancias de una o más prostitutas dándoles a cambio protección. chulo.

Dog-training, Introducción Al Entrenamiento De Perros Humanos

El tema ya se ha tratado, y se seguirá haciéndolo ya que siempre se tienen diversos puntos de vista.

El juego del Dog Training o Entrenamiento del Perro Humano está muy difundido entre los practicantes de los Juegos del Poder, la animalización humana más común es la del perro, un animal fiel por naturaleza y noble ante el afecto, el cuidado y la seguridad que el amo le da, al trasladarlo al sentir humano se presenta una oportunidad única de conocer las capacidades de ambos participantes y el compromiso real de una intimidad que solo el proceso de entrenamiento puede lograr.

Antes de iniciar la actividad es necesario saber cuales instintos hay, si el perro siente o quiere cubrir la necesidad de entregar al entrenador su supervivencia casi al 100%, en que va a focalizar sus instintos y ante todo si la práctica le permitirá entender al entrenador como una persona que solo se presta al juego, será un amigo o incluso la pareja fuera del juego. La interiorización del sentir al perro interno es básica desde el inicio, controlar que solo será perro durante la sesión, que sus manos serán patas, su visión estará limitada, su olfato pasará a ser el sentido primario, su actitud ante el tacto humano, las limitaciones físicas y las exigencias que deben tomarse en cuenta para asumir ser perro.

El entrenador por su parte deberá considerar que el perro necesita cuidados, atención, cariño, severidad además de cubrir necesidades como la alimentación, la higiene y los cuidados durante la práctica, que no habrá para él una persona pero tampoco un perro como animal y que el motivo del juego no será el sexo sino el poder, el entrenador podrá pasar a ser el amo o el dueño conforme avanza el entrenamiento, pero deberá considerar que su relación primaria es de haberlo entrenado.

Acercamiento y Negociación

Una vez se ha buscado u ofrecido como perro a un entrenador debe haber una charla, de preferencia en un lugar público, para hacer una exposición de los acuerdos y necesidades, entender la forma en que se puede exponer el juego desde el modo de iniciar, con una palabra, orden o situación como poner el collar, la forma de dar por terminada la sesión, sea en duración o logros, las palabras seguras cuando algo esté molestando al perro, el control de las interrupciones como la forma de pedir ir al baño, pedir negociar o hasta solicitar pausas por cansancio o molestias físicas; todo siempre de forma respetuosa y sin tener miedo a preguntar por lo que se desea llegar por medio del entrenamiento.

El acuerdo al que se llega siempre deberá ser flexible, pues en todo momento habrá situaciones que cambian o van avanzando en el proceso de entrenamiento hasta que ya no son necesarias las palabras y el perro aprende a entender los sonidos y señales más que el significado de una palabra dicha por el humano.

Equipo

Un perro como tal no tiene propiedades, pues se va ir ganando por medio del amo el derecho a su correa, a su plato, su bozal, el plug o dog-tail que servirá de cola, los premios por obediencia, los castigos por faltas o salirse del juego, el collar y el derecho a un nombre, esto último hasta el día que el entrenador pasa a ser amo o dueño del perro según se llegue en los acuerdos, el amo tiene una propiedad única de hacer que el perro haga lo que le parezca, incluyendo el entrenamiento para algunas prácticas sexuales, el dueño puede permitir que el perro sea entrenado por otros o incluso prestarlo o juntarlo a otros perros, sin embargo, un perro debe tener siempre presente que debido a la situación en que va a estar necesita tener unas rodilleras, usar botas o zapatos tenis, tener unos guantes especiales en forma de patas, los mitones; mientras que el entrenador debe proveerle de su plato para beber, en el caso de negociarlo el plato de comida, la correa y el collar de entrenamiento; los demás aditamentos que el perro se gana se quedan con el amo, pero solo serán de uso del perro, en caso de llevar el proceso de creación del perro a vestirlo con un traje de cuero, látex o lycra aterciopelada, la máscara y/o las orejas será decisión del entrenador el permitirlo. Marcar o tatuar al perro es algo que se negocia a lo largo del las sesiones, siempre bajo el consentimiento del perro, pues no habrá marcha atrás si se ha decidido tatuar la propiedad del entrenador. Como complemento, para sesiones largas o periodos largos como perro es necesaria la jaula para que descanse, un lugar donde yacer, juguetes como pelotas o huesos de plástico, tener el suelo sin alfombra pero que no sea frío o húmedo para evitar alguna enfermedad o contagio.

Decidir el tipo de perro que se va a ser

Un perro puede ser un puppy que siempre juega y no crece, un perro de ataque, compañero o de exhibición, el cual debe portarse como perro adulto o ir creciendo desde cachorro, o un perro/esclavo, cuya funciones de sumiso aparte de perro, todo según lo que ambos decidan hacer y pactar para el entrenamiento, en el último caso un perro puede ser la forma en que se humilla o tortura a un esclavo para algunos juegos donde se limita por medio del Bondage y se le hace pasar por perro.

Relación Amo/perro

Fuera del tiempo pactado para los entrenamientos, que pueden ser una o dos sesiones por semana de una o dos horas cada vez al inicio, la relación entre el perro humano y su entrenador es de confianza, se puede plantear una amistad y hasta una relación de pareja siempre y cuando se respete que el entrenamiento es cuando son entrenador y perro, además del entrenamiento existe un trato previo, un cuidado durante y después de la sesión, al término el perro pasa a humano y debe cuidar del lugar que se le dio, de sus cosas y ayudar al entrenador, incluso es el momento de un contacto físico en que se conocen como humanos los dos, se entienden a otros niveles y se puede comentar sobre que otras cosas pueden hacer o subir la intensidad de lo que se ya se hace.

Genitalidad

La sexualidad entre entrenador y perro no es bien acogida, algunos entrenan al perro para zoofilia o masturbación, pero el tiempo del entrenamiento no puede ser usado para tener sexo, incluso uno de los acuerdos es el uso de un cinturón de castidad o de un arnés de genitales para el perro, evitando así el contacto físico directo además que para muchos entrenadores el proceso del perro incluye que los genitales estén siempre libres y caigan como pasa a un animal en la realidad.



lunes, 16 de diciembre de 2013

Credo del sumiso...

  •  Comunicaré a mi AMO, con total sinceridad, mis necesidades, deseos, límites y experiencia.
  • No intentaré manipular a mi AMO ni trataré de empujarlo a llevar una sesión como yo quiera, en otras palabras, no intentaré ‘dominar’ a quien me domina.
  • Mantendré una mente abierta para probar cosas que me incomodan e intentaré expandir mis límites y continuar creciendo como sumiso.
  • Aceptaré la responsabilidad de descubrir lo que agrada a mi AMO y cumpliré lo mejor que pueda con todos sus deseos.
  • Seré educado con mis amigos sumisos. Compartiré mis conocimientos y experiencia con ellos con la esperanza de que aprendan y se beneficien de lo que yo he aprendido.
  • Responderé siempre y a todo a mi AMO y no intentaré ocultarle nada de lo que mi mente y mi cuerpo están sintiendo de tal forma que pueda ayudarle en sus responsabilidades.
  • Aceptaré la responsabilidad si una sesión o la relación va mal. No echaré toda la culpa a mi AMO por el mero hecho de que domina.
  • Haré el regalo de mi entrega sólo a quien pueda responsablemente recibirla y así lo desee. No pondré a nadie en la posición de dominarme si no lo desea ni daré mi respeto a alguien que no se lo haya ganado.
  • Sé que el BDSM no es una competencia y nunca pensaré que soy el mejor sumiso porque haya elegido someterme a un nivel diferente que otro ni haré alarde de las experiencias que haya tenido.
  • Seré obediente con lo que mi AMO me pide. Sé que mi AMO sólo quiere lo mejor para mí y que, a menudo, conoce mejor que yo lo que necesito en cada momento.
  • Sé que mis acciones reflejan a mi AMO y haré todo lo que pueda para dar una buena imagen suya ante otros.
  • Llevaré mi título de sumiso con orgullo.
Cortesia de "MASTER JESUS" publicado el 15/12/2013 a traves de "SLADOM THE LEATHER STORE"

EXCESOS DE LA MASCULINIDAD - Parte II



La cultura bear (osos)

A finales de los 80 el barrio de Castro, en San Francisco, era ya muy conocido como un espacio gay: proliferaban los locales de ambiente, librerías, cines, restaurantes, la mayor parte de los residentes en el área eran gays, y numerosas organizaciones tenían sus sedes en el barrio. 

El Castro no era ajeno a la estética del momento; por sus calles era frecuente ver paseando chicos de porte atlético, bien afeitados, jóvenes, elegantemente vestidos a la moda, afanándose en reproducir el modelo de belleza gay imperante. Pero, en esa misma acera, empezaban a aparcar sus motos unos tipos de aspecto muy distinto: barbudos, barrigudos, corpulentos, con las piernas enfundadas en viejos vaqueros y el vello del pecho asomando de la camisa de leñador entreabierta: los osos. Nadie sabe con seguridad cuándo se empezó a generalizar el uso de esta denominación, pero todo apunta a dos referencias: el bar Lone Star y la revista Bear Magazine. De hecho existía cierto lazo con la propia comunidad leather, ya que algunos moteros exhibían de forma orgullosa la barriga y la barba como señas de identidad, y se reunían también en el Lone Star. (Este vínculo persiste hoy en día, de forma que en la comunidad leather es fácil ver personas de aspecto osuno, y en los bares ‘bear’ encontramos a veces algunos osos con estética leather.)

Cuando aparece por primera vez el Bear Magazine, se produce un fenómeno social sin precedentes. La revista se agota en pocos días y comienzan a llegar a la redacción cientos de cartas eufóricas celebrando el contenido de la revista: por fin una revista con fotos de hombres peludos, gorditos, con barbas pobladas, y... sorpresa: ¡no superdotados! Pero vayamos por partes. ¿Qué es eso de "por fin"? La revista acababa de inaugurar la posibilidad de un reconocimiento distinto, un espacio de representación nuevo, había presentado una imagen de "cuerpo deseable" hasta entonces atípica, que sin embargo produjo la identificación de un enorme número de personas. Los lectores expresaban básicamente dos ideas: "a mí me encantan ese tipo de hombres, pero pensé que nadie compartía mi gusto", y también: "yo tengo ese aspecto, pero creía que yo no era deseable".

Los editores de la revista eran conscientes de la diferencia que querían marcar respecto a la imagen típica del cuerpo. Se posicionaron explícitamente criticando el imperio de ese cuerpo normalizado por la moda, excluyente de otras estéticas y formas de deseo. Esa reflexión política sobre el cuerpo tenía otra vertiente: los hombres que aparecían en las fotos tenían penes normales, no esas pollas descomunales de las revistas del mercado. Ello favoreció aún más la posibilidad de identificación de los lectores, liberándoles de los complejos de inferioridad que se suelen dar cuando uno se compara con semejantes prodigios de la naturaleza. Y, finalmente, los osos no eran necesariamente jóvenes: en la revista aparecían frecuentemente hombres maduros, mostrando gozosamente su desnudez (los osos polares, de hermosas barbas canosas).

El fenómeno bear se difundió rápidamente en EEUU y Canadá, y poco más tarde por Europa, Australia y Japón. Se fundaron numerosos clubes, se abrieron bares de osos, se crearon cientos de páginas de Internet, y se comercializaron otras revistas (Husky Magazine, American Bear, Bulk Male, Big Ad, etc.), vídeos y complementos ursinos. En 1997 aparece el primer ensayo sobre el mundo de los osos gays, un estudio donde se analiza el origen de este movimiento, sus características y las implicaciones sociales que está teniendo  ("The Bear Book. Readings in the History and Evolution of a Gay Male Subculture", por Les Wright (editor). Harrington Park Press, Binghamton, Nueva York, 1997). En el Estado español se crean los primeros colectivos de osos a mediados de los años 90, y desde entonces han crecido hasta formar grupos en casi todas las comunidades autónomas. Bares como el Bear Factory en Barcelona, el HOT en Madrid o El hombre y el oso y el Man to man en Sevilla con referencias muy populares del movimiento oso del Estado español.

Los osos han producido un efecto de subversión en dos ámbitos diferentes: dentro del mundo gay, el movimiento oso es una estrategia de resistencia contra la tendencia dominante de valoración de un tipo de cuerpo/edad (danone/joven), está generando nuevos espacios de relación y de disfrute, y ha demostrado que existe una diversidad mucho mayor en las formas de relacionarse de los gays que la que se ofrece habitualmente en los medios de comunicación (incluidos los medios gays). En el ámbito heterosexual, la imagen de dos hombres barbudos besándose resulta tremendamente inquietante, rompe el molde tópico del "mariquita-loca-afeminado" que es tan útil para los héteros a la hora de distanciarse de los gays y de marcarles como una cosa rarita, ajena a ellos. Esto es distinto, la estética de los osos es cercana para el mundo heterosexual, demasiado cercano: el carnicero del barrio de la barba negra que te vende las morcillas o el fontanero de brazos peludos y bigotes que viene a repararte las cañerías pueden ser gays ("¡quién lo iba a decir!"). En el capítulo siguiente estudiaremos esa ‘cercanía’ en lo que supone de parodia de la masculinidad.

2. La masculinidad en cuestión: las subculturas leather y bear como performances de género.

La subcultura leather – SM y la subcultura de los osos tienen una relación paradójica respecto a la masculinidad. Por una parte se basan en el exceso, en una puesta en escena que muestra el carácter preformativo del género. Por preformativo entendemos el análisis que desarrolla Judith Butler en su libro El género en disputa. Butler toma la noción de Austin de actos preformativos y, a partir de la elaboración que de ella hace Derrida, la utiliza para mostrar que el género en sí mismo es una ficción cultural, un efecto preformativo de actos reiterados, sin un original ni una esencia:

“El género no debe interpretarse como una identidad estable o un lugar donde se asiente la capacidad de acción y de donde resulten diversos actos, sino, más bien, como una identidad débilmente constituida en el tiempo, instituida en un espacio exterior mediante una repetición estilizada de actos. El efecto del género se produce mediante la estilización del cuerpo y, por lo tanto, debe entenderse como la manera mundana en que los diversos tipos de gestos, movimientos y estilos corporales constituyen la ilusión de un yo con género constante. Esta formulación aparta la concepción de género de un modelo sustancial de identidad y la coloca en un terreno que requiere una concepción del género como temporalidad social constituida. Es significativo que si el género se instituye mediante actos que son internamente discontinuos, entonces la apariencia de sustancia es precisamente eso, una identidad construida, una realización preformativa en la que el público social mundano, incluidos los mismos actores, llega a creer y a actuar en la modalidad de la creencia. [...] Las posibilidades de transformación de género se encuentran precisamente en la relación arbitraria entre tales actos, en la posibilidad de no poder repetir, una deformidad o una repetición paródica que revela que el efecto fantasma tico de la identidad constante es una construcción políticamente endeble. [...] El hecho de que la realidad de género se cree mediante actuaciones sociales continuas significa que los conceptos de un sexo esencial y una masculinidad o una feminidad verdadera o constante también se constituyen como parte de la estrategia que oculta el carácter preformativo del género y las posibilidades preformativas de que proliferen las configuraciones de género fuera de los marcos restrictivos de dominación masculinista y heterosexualidad obligatoria.

Llevando esta reflexión al terreno de las dos subculturas que nos ocupan, podemos afirmar que ese exceso de “masculinidad” que muestran las estéticas y prácticas leather y bear no son una reafirmación de una ‘esencia’ o una ‘naturaleza masculina’ que habría sido arruinada por las maricas locas y que habría que recuperar. Precisamente la exhibición tan explícita que se hace del exceso masculino, sobre todo en la cultura leather – SM, muestra la fragilidad de la masculinidad. De hecho, muchas de las prácticas SM no se centran ya en el pene erecto y en la eyaculación, sino que desplazan el interés a otras partes del cuerpo o se dedican a practicar manipulaciones de los genitales que muestran su vulnerabilidad (atar los testículos, atravesar el pene con alfileres, pequeñas descargas eléctricas, pinzas, etc.). 

Esta mostración y celebración de la vulnerabilidad genital supone un giro histórico en la representación de la masculinidad, donde el presunto falo centrismo de las prácticas gays se ve cuestionado radicalmente.

En el caso de la cultura bear, la representación es de otro tipo, se trata de una replicación de “lo natural”. El hombre bear juega con una presunta naturaleza salvaje, una masculinidad idealizada que enlaza directamente con lo animal y que rechaza –aparentemente- los suplementos de la cultura gay dominante (interés por la moda, refinamiento, amaneramiento, maquillaje, afeminamiento, etc.). Pero también en este caso se trata de una naturaleza que nunca estuvo allí, es decir, se recrea performativamente una estado natural-animal que jamás han experimentado los seres humanos. En ese sentido, la fragilidad de la masculinidad se muestra en la laboriosa reconstrucción, en la imposible nostalgia de un “hombre natural” que es recreado en la estética bear.

Este doble juego de natural-artificial se muestra claramente en la revista Bear Magazine. En la cabecera de la portada reza el siguiente frase: “Masculinity without the trappings” (Masculinidad sin adornos). Sin embargo, en su interior la mitad de las páginas de la revista son anuncios de complementos para la construcción del oso ideal, es decir, esos adornos de los que renegaba en la portada: gorras, tirantes, camisas de cuadros tipo leñador, botas de montaña, vaqueros, cinturones... Incluso la barba, elemento clave de esta cultura, suele aparecer cuidadosamente recortada en los modelos de la revista.

Se trata una vez más de una estilización de la conducta, pero es importante señalar que la masculinidad heterosexual participa exactamente del mismo proceso. El hombre heterosexual aprende desde el nacimiento unos códigos que va a repetir continuamente, y que marcarán su experiencia subjetiva de la masculinidad. Pero esos códigos no son menos artificiales que los de un leather o un oso. Es más, podríamos decir que ‘la heterosexualidad’ es uno de esos rasgos que constituyen la masculinidad ideal. Lo interesante de los leather y los osos es que utilizan los códigos masculinos pero al final se produce una traición, no son hombres ‘de verdad’ porque son gays.

En este sentido, podríamos denominar a los practicantes de la cultura leather y la cultura de
los osos como drag-kings.  

Aunque esta denominación se suele aplicar a mujeres que se disfrazan de hombres con el fin de mostrar el carácter preformativo de la masculinidad, no hay razón para excluir a los hombres como posibles drag-kings, si en su práctica producen un cuestionamiento parecido. Como dice Judith Halberstam en su obra clásica queer Female Masculinity:

“Un drag king es generalmente una persona de sexo femenino que se viste de hombre de forma reconocible y que realiza de este modo una performance de tipo teatral”.

Es importante recordar que “vestirse de hombre” es algo que los hombres aprenden; los hombres “biológicos” repiten unos códigos que les integran en la hombría “social” y en la masculinidad, pero esos códigos vienen dados por un contexto cultural concreto, no son propios de ningún sujeto a priori. Si llevamos al extremo esos códigos de la masculinidad, como hacen los leather y los osos, podemos mostrar y desenmascarar ese carácter teatral de toda identidad.

3. Doble lectura: ¿cuestionamiento de la masculinidad o reforzamiento de roles tradicionales?

Hasta aquí hemos hecho una lectura un tanto idealizada de estas dos subculturas, insistiendo en su carácter subversivo al introducir nuevas identidades dentro de los circuitos gays y dentro de los códigos de la masculinidad. Sin embargo hay siempre un envés en estos procesos sociales, se da la posibilidad de una asimilación a los sistemas de dominación heterocentrados.

La otra lectura que podemos hacer de estas subculturas va en la dirección contraria. Lo leather y especialmente lo bear plantea una posibilidad de normalización y de integración bastante peligrosa. Su parecido a la cultura heterosexual dominante hace que a veces se caiga en la tentación de recuperar el discurso plumófobo y normativo. Algunas corrientes de la cultura del cuero y de los osos son profundamente plumófobas (además de misóginas y lesbófobas), acusan a las locas de dar una imagen ridícula de los gays, y reivindican una masculinidad “normal” e integrada que busca la aceptación del colectivo heterosexual. Son argumentos del tipo: “soy normal, no quiero diferenciarme de los heteros, soy un hombre masculino, no quiero que se me note que soy gay, así me aceptan mejor, yo valoro a los hombres de verdad no a esas locas ridículas...”. En realidad este discurso supone un nuevo proceso de armarización, un uso interesado de la masculinidad para pasar ‘desapercibido’.

Esta lectura, profundamente conservadora, pretende recuperar la idea de un hombre natural, y vincularla de forma directa con la masculinidad (como si el binomio hombre=masculinidad tuviera sentido). Para la mirada heterosexual es también enormemente reconfortante, permite recuperar a un gay “sano”, que no cuestiona la masculinidad ni perturba sus códigos. Este proceso muestra la capacidad de los sistemas para asimilar e incorporar las nuevas identidades.

No obstante, siempre nos queda la posibilidad de retorcer de nuevo los códigos, de hacer proliferar nuevas subculturas que desestabilicen el sistema heterocentrado y su producción de géneros estables.

EXCESOS DE LA MASCULINIDAD - Parte I



LA CULTURA LEATHER Y LA CULTURA DE LOS OSOS

 Por Javier Sáez

 Barcelona, 14 marzo 2003

 Sinopsis: han surgido en la comunidad gay dos subculturas que mantienen una relación muy particular con la representación de la masculinidad: la cultura leather (de cuero) y la cultura de los osos (bears).  El discurso y las prácticas de ambas subculturas producen un efecto paradójico alrededor de las representaciones simbólicas y políticas de lo masculino: la cultura leather potencia los cuerpos y las actitudes híper masculinas, llevando el disfraz del cuero hasta un exceso que vuelve paródica la propia construcción de la masculinidad. La cultura de los osos intenta construir un cuerpo y unos valores "naturales" a partir de algunos valores tradicionales de la masculinidad: la barba, el vello corporal, el cuerpo fuerte, grande u obeso, la virilidad, la ausencia de afeminamiento.

 Nuestra tesis es que ambas estrategias suponen dos nuevas formas políticas de cuestionamiento de la masculinidad, a partir de una reinvención artificial basada en el exceso, estrategias que pone en cuestión cualquier presunta "naturaleza masculina".

1. Introducción: los orígenes de la cultura leather (cuero) y de la cultura bear (osos).
2. La masculinidad en cuestión: las subculturas leather y bear como performances de género.
3. Doble lectura: ¿cuestionamiento de la masculinidad o reforzamiento de roles tradicionales?

Introducción: los orígenes de la cultura leather (cuero) y de la cultura bear (osos).

 La cultura leather (cuero).
A comienzo de la década de los 50 aparecen en Estados Unidos los primeros colectivos gays que se identifican con formas y códigos tradicionales de la masculinidad. Hasta esa época las representaciones sociales y mediáticas de los gays se basaban en la imagen del homosexual afeminado, produciéndose en el imaginario social una identificación casi completa entre el gay y “lo femenino” (o, mejor dicho, con una imagen estereotipada de lo femenino): fragilidad, sensibilidad, estética delicada, dulzura, amaneramiento, etc. Es el prototipo de “la loca”, del gay con pluma.

Durante la segunda guerra mundial se crearon en el ejército numerosos lazos homo eróticos entre hombres que hasta ese momento habían vivido en el armario.

Incluso muchos de ellos sufrieron la represión homófoba que caracteriza al ejército y fueron expulsados del mismo. No obstante, al terminar la guerra algunos de estos hombres, atraídos por ciertos valores experimentados en el ejército, como la disciplina, el compañerismo, la solidaridad, la jerarquía, la indumentaria, las insignias, etc, deciden continuar reuniéndose en pequeños grupos de aficionados a las motos, donde se recrean estos códigos híper masculinos: relaciones de dominación y sumisión, motos, estética “dura” basada en el cuero como signo de identidad, y elementos característicos del cuerpo masculino: los bigotes, el vello corporal, los músculos, la fuerza física, etc. Los primeros grupos leather se constituyen en California alrededor de estos códigos en los años 50.

En 1954 se estrena la película The wilde ones, de Laslo Benedek, protagonizada por Marlon Brando. En esta película Brando hace de líder de unos de esos moteros marginales; los guionistas se habían basado en los pequeños grupos leather existentes en aquel momento. 
A su vez la película tuvo mucho éxito y realimentó la creación de una red cada vez más extensa de grupos  leather en los EEUU.     

En esa misma época Kenneth Anger realiza el corto Fireworks (1946) donde se muestra a sí mismo torturándose y en diversas escenas sadomasoquistas, y donde aparece por primera vez en la historia del cine una referencia a la incipiente estética leather. En otra película ya clásica de 1964, Scorpio Rising, Anger recogerá ampliamente los códigos de los grupos leather: clubes de moteros, fiestas con elementos satánicos, sadomasoquismo, música frenética, ceremonia de la vestimenta con el cuero, y estéticas militares (incluyendo el uso de esvásticas, un tema que creará mucha polémica dentro y fuera de las comunidades leather por sectores incapaces de comprender su uso como fantasía excitante).

A comienzos de los años 60 las comunidades leather gozan de cierta difusión dentro del mundo gay americano. De hecho, en 1962 la revista Life publica un reportaje sobre ellas a partir de un famoso mural de Chuck Arnett; según Life los leather representan  "el lado antifemenino de la homosexualidad" (veremos más adelante esta cuestión de lo leather como posible argumento plumófobo). A partir de ese momento California vive una importante inmigración de gays leather, de modo que a comienzos de los años 70 existe una abundante proliferación de bares y clubs donde se celebran fiestas y orgías con sofisticados códigos y nuevas prácticas sexuales (back-rooms, slings, fist-fucking, uso de dildos, importancia de la zona anal, prácticas sadomasoquistas, preocupación por la atmósfera que rodea las escenas, etc.).  Clubs como The Catacombs, Inferno o Shaw’s atraen a muchos gays de Estados Unidos y de Europa, entre ellos el filósofo Michel Foucault, quien hace una lectura muy interesante de las prácticas sadomasoquistas; en una entrevista afirma lo siguiente:

“El sadomasoquismo [...] es la erotización del poder, la erotización de las relaciones estratégicas. Lo más chocante del sadomasoquismo son sus abismales diferencias con el poder social. El poder se caracteriza porque constituye una relación estratégica que reside en las instituciones. La movilidad, dentro de las relaciones de poder, es sumamente reducida; ciertos bastiones son de todo punto inexpugnables porque se han institucionalizado, porque tienen un influjo perceptible en los tribunales, en la legislación. 
Las relaciones estratégicas interindividuales se caracterizan por su extrema rigidez.

El sadomasoquismo es, a este propósito, sumamente interesante ya que pese a tratarse de una relación estratégica se caracteriza por su flexibilidad. Hay claro está, dos papeles pero nadie ignora que esos papeles pueden intercambiarse. En ocasiones, al comienzo del juego uno es el amo y otro es el esclavo y al final el que era esclavo pasa a ser el amo. O incluso cuando los papeles son permanentes, los actores saben perfectamente que se trata de un juego, ya se cumplan las normas, ya exista un acuerdo, tácito o expreso, por el que se establecen ciertos límites. Este juego de estrategias reviste un enorme interés como fuente de placer físico. Pero no me atrevería a decir que se trata de una repetición, en la esfera de la relación erótica, de la estructura de poder. Es una representación de las estructuras de poder a través de un juego de estrategias capaz de proporcionar un placer sexual o físico. [...]

La práctica del sadomasoquismo termina por introducir un placer, que a su vez hace nacer una identidad, razón por la cual el sadomasoquismo es una auténtica subcultura; es un proceso inventivo. El sadomasoquismo consiste en la utilización de una relación estratégica como fuente de placer (de placer físico), hecho este, el de hacer uso de las relaciones estratégicas para proporcionar placer, que se ha producido en otras ocasiones. Ya en la Edad Media, la costumbre del amor cortesano, con el trovador, el cortejo entre la dama y el galán etc., era también un juego de estrategias. Tipo de juego que puede advertirse actualmente entre los jóvenes que frecuentan las salas de baile los sábados por la noche; incorporan relaciones estratégicas. El interés radica en que la esfera heterosexual, las relaciones estratégicas preceden al sexo; se justifican para llegar al sexo. En el sadomasoquismo, por el contrario, las relaciones estratégicas son parte integrante del sexo, un convenio de placer en el marco de una situación específica.

En el caso, las relaciones estratégicas son relaciones nítidamente sociales que afectan al individuo en tanto que miembro de la sociedad; mientras que en el otro lo que está en cuestión es el cuerpo. El interés radica precisamente en esa transposición de las relaciones estratégicas que pasan del ritual corporal al plano sexual.

La reflexión de Foucault es importante por varias razones: primero porque en lugar de hacer una lectura moral, psicologista o psicoanalítica de estas prácticas, las considera subculturas con un discurso propio, formas de asociación y de placer que a su vez son productivas, capaces de una inventiva respecto a la sexualidad y el placer, y basadas en códigos claros pactados. Esta visión se opone a la típica visión moralizante y negativa que existe sobre el sadomasoquismo, incluso entre algunos sectores normalizados del movimiento gay o películas manipuladoras como A la caza (Cruising) de William Friedkin, donde el ambiente leather se retrata como violento, asesino y peligroso.

A partir de estas prácticas leather y sadomasoquistas, y de algunos textos producidos por grupos políticos gays, la antropóloga lesbiana Gayle Rubin inicia una interesante reflexión sobre las diferentes sexualidades que también tendrá efectos en las propias políticas de las lesbianas en los años 80 y 90 y en las primeras referencias de la teoría queer. En lugar de analizar las diferentes prácticas de las culturas gays de los 70, (en especial la cultura del cuero y el sadomasoquismo,) en términos de fetichismo (Freud), o de ver en ellas huellas de un patriarcado machista y opresor (feminismo), Rubin hace una lectura de la sexualidad entroncada en la historia de las tecnologías, y en la producción material de los objetos de consumo, la historia de la transformación de las materias primas y la historia del urbanismo. 

En el SM (sadomasoquismo) la relación de los sujetos con estos objetos forman parte de la producción moderna del cuerpo y de la relación de éste con los objetos manufacturados. La novedad de este análisis es que” la historia de la sexualidad se desplaza desde el ámbito de la historia natural de la reproducción para formar parte de la historia (artificial) de la producción.

Este giro epistemológico de Rubin es muy importante para comprender la distancia que va a tomar la teoría queer respecto al psicoanálisis. Mientras que éste hace una interpretación simbólica de la relación del sujeto con los objetos en función de los avatares de la historia inconsciente del sujeto (con sus identificaciones, rechazos, represiones) en un entramado vital marcado por la castración (y donde el fetichismo es interpretado como una posición subjetiva por no poder asumir la no existencia del pene en las mujeres), Rubin va a concebir estas prácticas como parte de un dispositivo de tecnologías que reconfiguran el cuerpo y las relaciones entre los sujetos en un marco histórico y cultural concreto, y va a criticar al  psicoanálisis como un marco explicativo muy limitado a la hora de abordar la cuestión del fetichismo:

No veo cómo se puede hablar de fetichismo y de sadomasoquismo sin pensar en la producción del caucho, en las técnicas usadas para guiar y montar a caballo, en el betún brillante de las botas militares, sin reflexionar sobre la historia de las medias de seda, sobre el carácter frío y autoritario de los vestidos medievales, sobre el atractivo de las motos y la libertad fugaz de abandonar la ciudad por carreteras enormes. Cómo pensar sobre el fetichismo sin pensar en el impacto de la ciudad, en la creación de ciertos parques y calles, en los ‘barrios chinos’ y sus entretenimientos ‘baratos’ o la seducción de las vitrinas de los grandes almacenes que apilan bienes deseables y llenos de glamour. Para mí el fetichismo suscita toda una serie de cuestiones relacionadas con cambios en los modos de producción de objetos, con la historia y la especificidad social del control, de la destreza y de las ‘buenas maneras’, o con la experiencia ambigua de las invasiones del cuerpo y de la graduación minuciosa de la jerarquía. Si toda esta información social compleja se reduce a la castración o al complejo de Edipo o a saber o no lo que se supone que uno debe saber, entonces se pierde algo importante.

Volviendo a esta breve introducción histórica, hay que señalar un periodo de crisis en el movimiento leather y sadomasoquista SM con la aparición de la pandemia del sida a comienzos de los años 80. El sida, con sus efectos devastadores, supuso un cambio en las prácticas y en las formas de organización de estos colectivos. Las comunidades leather-SM reaccionaron rápidamente e iniciaron fuertes campañas para implantar el sexo seguro, con iniciativas mucho más organizadas y precoces que las de las propias administraciones Reagan-Bush, cuya pasividad supuso una especie de genocidio planificado. Los cuartos oscuros y las saunas fueron cerrados por las autoridades (sin medidas complementarias de tratamiento o información), de forma que los colectivos leather-SM tuvieron que reorganizarse en clubes privados con fuertes medidas de higiene y seguridad. Hoy en día algunos locales y saunas de EEUU han vuelto a abrir pero sigue habiendo bastantes limitaciones para practicar el sexo en ellos. En este sentido, los locales leather-SM europeos son mucho más abiertos, y compaginan la posibilidad de encuentros sexuales y fiestas leather-SM con medidas de higiene y seguridad importantes (preservativos, guantes de látex y gel gratuitos, folletos informativos, etc.).

En la actualidad las comunidades leather y SM están extendidas por muchos países del mundo, organizadas en clubes, asociaciones, locales, páginas web, libros y revistas especializados, y nutren numerosos movimientos artísticos (Mapplethorpe, Espaliu, Catherine Opie, Tom de Finlandia, cine porno, The Leather Archives and Museum en Chicago...). Quizá han perdido algo del carácter clandestino y transgresor que tenía en los años 60-70, pero por otra parte su visibilidad supone un reto a los intentos de normalización que se ciernen sobre la comunidad gay.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Curiosidades

Un código es un conjunto de símbolos o reglas para transmitir información; una forma en que los individuos podemos reconocernos o identificarnos con otros a la distancia, inclusive sin mediar palabras, puntos comunes de entendimiento, de encuentro.

En la vida, identificamos numerosos códigos desde que nacemos. Por ejemplo: la cruz cristiana; la estrella de David para los judíos; el himno de un país; el emblema o color de un partido político; el lazo rojo de la lucha contra el SIDA; la bandera gay de arco iris; etc.

En el pasado, los gays se reconocían fácilmente al utilizar ciertos elementos en la vestimenta, por ejemplo, zarcillos en las orejas, tatuajes privilegiando los arco iris y triángulos rosas invertidos, entre otros. Muchos de estos elementos se popularizaron volviéndose moda entre la gente heterosexual, que desconocía en mucho sus reales significados.

En los años 80 y gracias a la comunidad “leather”, apareció un Código gay  que marcó a toda una generación en muchas partes del mundo. Se trataba del uso de pañuelos de colores, los cuales tenían un significado dependiendo del lado del pantalón donde se usara con el fin de establecer el gusto o interés por ciertas prácticas sexuales o eróticas.

Significado de los pañuelos de colores en la Comunidad Gay

En los años 80′s, bastaba con lucir un pañuelo para indicar información sobre ciertas preferencias sexuales y/o eróticas, así como si en dicha práctica se deseaba llevar el control o dejarse someter.

Mostrarlo en el bolsillo izquierdo era indicativo de DAR, reservado para los Dominantes, los Amos, Masters o activos. Llevarlos del lado derecho correspondía a RECIBIR e indicativo de los que son sumisos, esclavos o pasivos. De un vistazo se podía saber quién es quién.

Luego aparecieron variantes, ya que el pañuelo también podía ser portado alrededor del brazo o pierna, amarrado del lado de su predilección. Inclusive en el cuello, informando que les daba lo mismo dar o recibir.

El código gay y el cine

El código fue tan popular y ampliamente aceptado que inclusive llegó a ser reproducido en el cine. En 1981, la película CRUISING con Al Pacino es la mejor referencia en este sentido. En esta película, el reconocido actor interpreta a un detective heterosexual que se encuentra encubierto con el fin de buscar un asesino de gays de la comunidad leather en la ciudad de Nueva York.

En la película CRUISING podemos ver una escena donde Pacino se coloca un pañuelo en el bolsillo izquierdo de su pantalón, el cual ha comprado en una tienda, luego de ver que forman parte de la indumentaria de muchos leathers que acuden a los sitios nocturnos.  Un individuo observa el pañuelo amarillo del detective y lo aborda preguntándole que si le gustan los “deportes acuáticos”. Pacino indica que más bien le gusta mirar, evitando comprometerse en una relación sexual inmediata, cosa que molesta al individuo, quien le responde que no sea imbécil, que si no sabe llevar un pañuelo es mejor que no lo use. El protagonista, avergonzado por la confusión, se lo quita de inmediato, haciéndolo desaparecer en el interior de su bolsillo.

Hay quienes aseguran que la comunidad leather aun tiene vigente el código. Sin embargo, en la actualidad es poco usado/conocido dicho código entre la comunidad homosexual en general.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El por que vestir cuero...

Algunos hombres que regresaban de la Segunda Guerra Mundial sin ningún deseo de regresar a sus lugares de origen compraron enormes motocicletas, chaquetas de cuero, y otros pertrechos militares, antes de proceder a restablecer sus vidas. Para muchos hombres gay, los militares habían proporcionado una camaradería y proximidad a otros hombres que trataban de continuar teniendo una vez que regresaron.

La película de 1953 "The Wild One" actuación de Marlon Brando vestía pantalones vaqueros y una camiseta con una gorra y chaqueta de piel en una motocicleta, creado una imagen icónica, que fue adoptada por el primer homosexual amante del cuero. La masculinidad asociada con uniformes militares, los nazis y las fuerzas aliadas, también influyeron en la estética. La primera motocicleta y clubes gays evolucionaron a partir de esos grupos de hombres que disfrutaban juntos. Los primeros bares para gays en cueros, fueron en el club de los primeros clubes de ciclistas que más tarde abrieron al público.

Los principios de los homosexuales varones de la subcultura del cuero, se resume en el libro "Leatherman's" de Larry Townsend, publicado en 1972, que, en esencia, incluido un orden específico de la Vieja Guardia de la cultura del cuero. Este código hace hincapié de forma estricta y fija las funciones (es decir ningún cambio). Hay otro orden de la Vieja Guardia, que hace hincapié en la disciplina, el honor, la hermandad, y el respeto y promueve un estilo de vida más estricta, incluso la promoción de la educación, el conocimiento, y un privilegio sobre la base de sucesivos grados o niveles. Los sumisos o masoquistas del cuero, que comienzan como novato y sistemáticamente los alumnos van a obtener su grado de Leather mientras avanza a través de los niveles de tercera clase, de segunda clase, de primera clase, y superiores de formación.

Una vez que la sumisión completa su formación y obtiene el título superior, que está dispuesta a ir a tiempo parcial o tiempo completo como un servicio en un houseboy, El Maestro.

Cuando los hombres en cuero gays cruzan la década de 1970, se comenzó a utilizar la bandana (pañuelo en la cabeza) como código para indicar qué tipo de sexo están interesados en tener (algunos todavía utilizan el código de hoy).

Una fuente de ilustraciones gráficas de leathermen puede encontrarse en los libros y la obra de Tom de Finlandia, y uno de sus modelos Peter Berlín, de 1973, como su clásico Noches en Cuero Negro.

La cultura del cuero es también inspirada en las cadenas y los artículos de cuero o jeans defendidos por las bandas de heavy metal, de cuero y tachas de metal. (Aunque es sin duda más probable que estos grupos estén más influenciados por la secta ciclista de los gays clubes.) El primer practicante de este aspecto en un contexto de metales pesados es Rob Halford, el cantante de la influyente banda de estilo Judas Priest, que Vestía un traje de cuero en el escenario tan pronto como 1978. Halford, un hombre gay, recogió la imagen de la cultura del cuero. El resto de la banda se sumo rápidamente, y también lo hicieron posteriormente las bandas de Havy metal.

En 1970 la novela de crimen y misterio "Cruising" de Jay Verde se publicó y fue seguida en 1980 por la película "Cruising". Esta cuenta, en la ficción sobre una serie de horribles asesinatos, en 1970 en Nueva York. Un asesino en serie mata brutalmente descuartiza a varios hombres gay en Nueva York, en el distrito del cuero. Un joven agente de policía llamado Steve Burns es enviado clandestinamente a la calle como señuelo para el asesino. Trabajo casi completamente aislado en su departamento, que tiene que aprender y practicar las complejas normas y señales de la cultura del cuero. Cruising narra la historia de sus aventuras y desventuras mientras busca al asesino. The movie stars Al Pacino hace de policía, Paul Sorvino, and Karen Allen, Las estrellas de cine Al Pacino como el policía, Paul Sorvino, Karen Allen. (Si no la vieron alquilen la es muy hot) .

Existen rumores de que William Friedkin 's corto 140 minutos al guión original. Hay una creciente demanda de un video casero con la versión completa, si es que existe.

Al parecer, este recorte de Friedkin fue entregado al estudio y este recorte ha sido condenado por la MPAA por ultra provocador contenido. En un esfuerzo por hacer que las escenas de los homosexuales fueran tan reales como fuera posible, los bares gay que se utilizaron en la película eran reales y existían en la ciudad de Nueva York en ese momento. Estas ubicaciones de los bares están aún en el embalaje de la carne del distrito de Nueva York. Los extras utilizados para la película y todas las escenas de sexo como la ropa que usaban fueron reales, ya que los contrataron a último momento e hicieron lo que quisieron hacer. Los extras fueron instruidos para actuar, ya que normalmente en esos bares tenían libertad total, pero el tono sexual de las actividades daría la probabilidad de que la película fuera calificada como condicionada.

La Nueva Guardia de la cultura del cuero apareció en el decenio de 1990, como reacción a las restricciones de estilo de la Guardia Vieja. La Nueva Guardia, o de nuevo cuero, abrazado de conmutación y la espiritualidad que se combinan a menudo con su juego.

Un creciente número de clubes pansexuales evolucionado así. En la parte norte de América, con la posible excepción de Quebec, el cuero sigue siendo asociado a los hombres por encima de la edad de 40. En Europa, los hombres jóvenes han combinado la estética y la exploración de la potencia sexual, organizaciones fraternales como BLUF. En esta comunidad el modelo más joven es menos ciclista, y más información acerca de la sensualidad y el poder, es más borrosa la línea existente, donde el cuero fetiche puede combinarse con látex fetiche, skin head o atléticos deportistas.