Este es un espacio dedicado a difundir la cultura leather, el fetichismo por el cuero y buscar la integración de la comunidad leather de Rosario, son bienvenidos todos los buenos leather.
Es un lugar de hombres homosexuales que buscan la masculinidad, la virilidad y el cumplimiento del pacto de caballeros como todo leather real en el mundo.
Buscamos un intercambio sano y responsable de nuestras ideas, necesidades, compartir material, reforzar la relación entre todos los miembros, buscar un espacio donde realizar nuestras actividades en forma segura, convivir, apoyar e informarnos, sobre todo que haya una información y una didáctica para difundir y aclarar las dudas y conocer la amplitud de la Cultura Leather en Rosario, Santa Fe, República Argentina.

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miércoles, 25 de junio de 2014

Educacion sexual gay


Los roles sexuales gay

En el título, la palabra introducción tiene un doble sentido: El primero, que este artículo forma parte de una serie de cuatro textos que tratan sobre los distintos roles sexuales que adoptan los gay en el mundo virtual o en la cama. El segundo sentido del título, es que en estos roles juega un papel preponderante, precisamente, la introducción del pene, ya que se llama activo al que penetra y pasivo al que es penetrado. En el sexo oral, el activo pone su pene en la boca del pasivo o su lengua en el culo del mismo. El versátil es aquel que puede ser activo y/o pasivo de acuerdo con la situación.

La pregunta del millón para los gay es ¿sos activo o pasivo? Es la primera cuestión que aparece cuando se inicia una conversación virtual. Así suele ser el diálogo en el deshumanizado mundo del chat: - hola - hola - ¿cómo estás? - bien ¿y vos? - bien. - ¿sos activo o pasivo? A veces se disfraza la pregunta diciendo - ¿vos qué onda? ó - ¿qué te gusta? Esas frases se repiten a cada segundo, en los miles de canales de chat gay del mundo, que son los más utilizados.

También es lo primero que los gays intentan averiguar de los otros cuando entran a las líneas de contacto telefónico. Además, es la mayor intriga de los familiares y amigos heterosexuales de un gay cuando se enteran de que el muchacho prefiere las tarariras en lugar de las almejas, casi siempre esperando que les responda que es activo, para quedarse más tranquilos y dejar de imaginarse mentalmente a su pariente o amigo cuando se la dan por atrás.

Antes de la era Internet, cuando se conocía gente en el boliche gay o en la calle, no se le preguntaba al otro si era activo o pasivo. Generalmente, cuando llegaba el momento de ir a la cama, se ponían las cartas sobre la mesa y las preferencias sexuales afloraban espontáneamente. Descubrían juntos la forma de intercambiar placeres mutuos. Había expectativas, curiosidad, fantasías, suspenso y sorpresas que se resolvían en la cama. Como la mayoría de los gay en la práctica tienen posibilidad de ser versátiles, lo peor que les podía pasar era tener que colocarse por un rato en un rol que no era su favorito, pero no dejaban de pasarla bien. Después de todo, las caricias, los abrazos, los besos, no son ni activos ni pasivos y constituyen una parte muy importante de la relación sexual.

Actualmente, la tecnología permite el anonimato absoluto. Un gay ya no se contacta con otro gay sino con un activo o un pasivo. No busca a su alma gemela, sino al que tenga 19 x 5. Mediante el chat o el teléfono, se intercambian fotos de sus pijas y culos o se miran en bolas por la webcam. En el caso de efectuarse un encuentro más allá de la virtualidad, la intimidad genital del otro ya es conocida. Sin embargo, siguen ocurriendo sorpresas, porque en los mundos virtuales se miente muchísimo, descaradamente.

Cuando alguien dice por chat que es activo, pasivo o versátil, puede estar queriendo decir muchas cosas. Sin embargo, muchos gay son tajantes y si el otro se define acorde a un rol que no les interesa, dejan de hablar con esa persona y pasan al siguiente. Por otra parte, activo o pasivo no es lo mismo que masculino o afeminado, aunque algunos crean que es así. Todavía se escucha decir por ahí la burrada de que el activo es el que hace de hombre y el pasivo el que hace de mujer. Si hay sexo entre dos hombres, es una relación homosexual, no hay ninguna mujer presente. Además, hay maricas activos y chongos pasivos.

Definirse como activo, pasivo o versátil, ¿es una máscara, una fantasía, una postura, una imagen, un simulacro, un verso, una estrategia, una limitación, una actitud, una identidad o un juego?

lunes, 7 de abril de 2014

“Looking”: Como mirarse en un espejo… ¿o no?

El domingo de la semana pasada se transmitió el último capítulo de la primera temporada de “Looking”, la serie de temática gay de HBO que fue estrenada con bombos y platillos el 19 de enero de este año. Ahora, hay que esperar hasta el 2015 para ver como siguen las vidas de Dom, Patrick y Agustín.

Luego de haber podido ver los 8 capítulos del programa, podemos hacer un balance un poco más exhaustivo de lo que nos han mostrado en el programa creado por Michael Lannan luego de la expectativa que se generó durante los meses anteriores al estreno.

Primero fueron las comparaciones con “Girls”, otra serie éxito de HBO que, con un formato diferente y un nuevo lenguaje, revolucionó la manera en que se cuentan historias de gente joven en la televisión norteamericana. Después, el hecho de que Andrew Haigh, el director de la película “Weekend” estuviese involucrado en la producción del programa, hizo pensar a muchos que “Looking” sería algo así como una versión gay de la trilogía “Antes del Amanecer/Atardecer/la Medianoche” de Richard Linklater. Otros, iban a tomar como punto de referencia y comparación a “Queer as Folk”, la otra serie puramente gay en la historia de la TV por cable de EE.UU.

En realidad, hay un poco de todo esto y más. Durante sus 8 capítulos, “Looking” mostró parte de la vida de estos tres amigos que residen en San Francisco, adentrándose en su intimidad y recogiendo algunas de sus experiencias.

El protagonista indiscutido de la serie es Patrick, interpretado por Jonathan Groff. Este all-american-boy mostró un estereotipo de hombre gay que no está del todo conforme con su sexualidad y cuyos conflictos y prejuicios le impiden tener una relación de pareja duradera. Durante esta primera temporada, su atención estuvo dividida entre Richie, el peluquero de origen mexicano que conoce en el tren y Kevin, su jefe de origen británico en la empresa de diseño de videojuegos para la que trabaja.

Luego tenemos a Dom, el Brian Kenney de “Looking”. Con 40 años recién cumplidos, el personaje encarnado por el australiano Murray Bartlett es el típico gay buenorro y seguro de sí mismo que nunca tuvo que esforzarse demasiado para acostarse con quien quisiera. Pero llegadas sus cuatro décadas de vida, pasa por la clásica midlife crisis que lo lleva a replantearse su profesión. Habitué de Grindr, saunas y darkrooms, conoce a un hombre mayor que él con quien se asocia para intentar abrir su propio restaurante. Dom parece ser de esas personas que no saben relacionarse con los demás si no es a través del sexo, ya que más allá de su atractivo físico y su aparente confianza en sí mismo, parece tener una necesidad de atención disparada por una baja autoestima.

Y finalmente está el latino Agustín, como para ponerle un poco de color a la cosa. Quizás el personaje menos desarrollado y más desdibujado de la serie, esta criatura interpretada por Frankie J. Álvarez es la única del trío protagónico en encontrarse en una relación de pareja. 


En el segundo capítulo, se muda con su novio Frank a las afueras de la ciudad, más precisamente a Oakland. Ya en el primer episodio, los convivientes habían llevado a un tercero a la cama, como una forma de mostrar que es imposible para una pareja gay tener una relación monogámica y exclusiva. Agustín tiene pretensiones de artista y luego de perder su trabajo, se obsesiona con un prostituto a quien contrata para que tenga sexo con Frank mientras él los fotografía. Como era de esperarse, las cosas no terminan bien entre los tórtolos…
 

Las escenas de sexo han sido pocas y no muy extensas. Algunas de ellas han rozado el límite de lo porno aún sin mostrar demasiado. Los creadores de la serie se han jactado del realismo que intentaron imprimirle a los encuentros sexuales de los protagonistas y en algún punto, lo han conseguido con bastante éxito.

El balance final de la primera temporada de “Looking” es ni muy muy ni tan tan. Para el tipo de historias que se están contando y de la manera en que se cuentan, el formato de media hora parece quedar corto. En varios de los episodios, uno se queda con sabor a poco cuando llegan los créditos finales. Un ejemplo fue el capítulo 5, el cual fue básicamente una cita entre Patrick y Richie donde no pasó más que eso. El tono intimista que le quieren imprimir al programa está bien logrado, pero se podría desarrollar un poco mejor en una hora de duración.

Luego está el tema de los estereotipos y de la identificación del público con los personajes. 


Las críticas al programa han sido muchas; se lo ha tildado de aburrido y de pretensioso entre otros descalificativos. Muchos televidentes gays se han pronunciado en contra del show, indicando que no representa a la comunidad en su totalidad. En otros casos, se ha dicho que se muestra al hombre homosexual como es visto por la gente hétero: incapaces de mantener relaciones duraderas, infieles, prejuiciosos, adictos al sexo, consumidores de drogas, desconectados de sus familias, obsesionados por el aspecto físico, entre otros lugares comunes.

A pesar de todo esto y de que los índices de audiencia no fueron los esperados, HBO ha renovado a “Looking” para una segunda temporada a transmitirse durante el año que viene. 


Ahí veremos si los creadores de la serie mantendrán el estilo o harán algunos cambios en base a las opiniones del público para poder seguir en pantalla durante unos años más.

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Que es un chacal?

Para aprender un poco de otras tierras...


Mas allá del ámbito sexual, hablemos del chacal como persona en primera instancia, es aquel hombre, fuerte, rudo, Tosco, de pocos modales, aquel que hace palidecer a un hombre promedio, ya que es más “hombre” más Viril, los chacales tienen esa híper masculinidad que solo el barrio, la ardua labor (ya sea de campo, de construcción, en talleres, o cualquier lugar donde la fuerza sea su principal herramienta de trabajo) que realiza día a día y la misma vida en los bajos mundos crea., resultado de esa labor es el cuerpo característico que distingue a este grupo, un cuerpo firme, ligeramente trabajado, estético y proporcionado, pero no es esa estética que vemos en los gimnasios o en los deportistas, No!.

Es esa estética que solo se llega a percibir en las calles en los ambulantes y cargadores en aquellos que trabajan mucho para poder comer poco.

Si hablamos de estragos sociales, si en efecto están en los más bajos, donde en ocasiones demuestran también otra faceta de este grupo, la violencia, la delincuencia, todo eso que te hace temerle y necesitarlo al mismo tiempo. El chacal no se cuida, no se arregla el chacal no te ve mucho menos te mira. Su mirada es retadora dominante como de aquel que ve a su víctima, con ese toque de desprecio, envidia y superioridad que te hacer perderte en sus ojos.

Por consiguiente de su estrago no son cultos, no son tendenciosos, no imitan, no aspiran a ser como aquel artista, como aquella estrella, el chacal es el hombre de nuestros días, aquel que aún conserva su esencia en nuestro caso la esencia latina, el olor a tierra, el folclore, los colores de nuestro México. Aquel que escucha la cumbia, la banda, los corridos, etc. Aquel que aun es “México”. No como nosotros que nos perdemos en tendencias y modas.

Pero detrás de esa fachada de macho dominante, de esa mirada penetrante de esa fuerza y masculinidad se esconde al igual que en ti al igual que en mi. Un ser humano, un ser humano que al paso del tiempo con el trato, con la aceptación, y porque no con la adulación, llega a ser un amigo, un fiel amigo, leal, protector, defensor de todo aquello que considera suyo, recuerda estas con un hombre, con un macho, que tu para el no eres otra cosa que algo más de su propiedad, ya eres “banda” si llegas a ese punto muchas más puertas se te pueden abrir. Pero no lo olvides, su mente es poco trabajada, es retrógrada si así lo quieres, en su mente predomina el machismo y tú ya eres “suya”.

Dice aquel historiador y activista social Alonso Hernández: "Conservan"... algo que, dijo, a los homosexuales nos gusta... una actitud machista y dominante... pero que hemos perdido al asumir la cultura gay”.

Así que no te extrañes que te hable en femenino para el chacal solo existe el hombre y la mujer. Y si tienes la suerte, serás su “puto’ su “funda” su “hembra” etc. aunque uses barba, tengas tatuajes, perforaciones… lo que quieras, para él nunca serás su igual siempre serás algo inferior. Y aquí es donde brincamos a la segunda instancia, lo sexual, lo prohibido, lo deseado.

Si te metes a la guarida del chacal es por que buscas eso, un macho dominante, fiero, salvaje, que “te de la cogida de tu vida, que sacie su libido sexual sin contemplarte a ti por que por qué serás usado como nunca en tu vida, te lo hará como ningún homosexual sabe hacerlo, ni el gigoló mas experto le llega a los talones a la bestialidad, violencia, rudeza y fuerza que te lo hará un chacal, que después de preñarte notarás la marcas de su paso en tu cuerpo, las marcas de sus toscas manos en tu delicada piel, sus mordidas en tu espalda, sus ‘chupetones’ en tu pecho y sobre todo esa extraña mezcla de felicidad confusión tristeza alegría vacío que deja al cambiarse e irse.

Su hombría, su aspecto dominante, todo se conjuga en la cama siendo el activo perfecto aquel que coge duro y sin descanso, aquel que te dice vulgarmente y con una risa sínica en la cara: “Entre más grites, más te la meto”.

Eso mi estimado, eso es un chacal.

Ahora, como consejo, tip, dato, nota o como lo quieras tomar mi amigo, te informo:

Un chacal, no se consigue, no se compra, no se presta, un chacal se trabaja, desde tu mecánico hasta el que hace las reparaciones en tu casa debes saber cómo llegarles, atenderlos, tomar esa actitud sumisa, que todo animal detecta, y sobre todo tener esos movimientos, esas miradas, esos gestos que levanta el libido a todo macho, debes estar atento a sus movimientos para así dar tus siguientes pasos, un halago, una propina, inclusive un saludo cordial son las bases para iniciar tu “casería”, pasan los días pasan las semanas, y esos saludos, esas miradas, se convertirán en palabras un tanto seria, algo cautelosas, pero al fin dando pie a una conversación menos formal y más personal, dejando ya de lado el patrón-empleado, queda el espacio de dos personas que se conoce, y nuevamente pasa el tiempo como buen aliado y esas charlas ahora conllevan a juegos, juegos donde el toqueteo será tu principal arma, donde tu haciendo halago de ese cuerpo trabajado día a día, de esa fuerza que los caracteriza podrás ir empezando a tocar ese terreno al cual todos quieren llegar y pocos pueden, para que así solo falte ya el último paso, tomar todo el valor que tengas y lanzarte directo sobre el! ¿Pero cómo?, no hay nada mejor para desarmar a cualquier hetero, que la cerveza y los chacales no se escapan de ese efecto embriagador, unas “chelas” que relajaran hasta a el más fiero!.

Nadie se escapa de ellas, y aquí es donde entras, la cerveza aparte de desinhibir tiene un efecto “cachondo” uno en el cual, esas caricias y esos juegos pueden ser la que lleva de viaje al paraíso.

Amigo, si leíste esto que te escribí, notarás que el trato es en persona, es cada ves que tengas oportunidad, no te confundas, el chacal no está en la red, mucho menos en redes sociales, el chacal esta en el llano, en el taller, en el campo, en la calle, y allí es donde debes buscar… es una tarea difícil, que lleva tiempo y algo peligrosa. Pues sus lugares de reunión son lugares donde acuden gente como ellos, gente ruda, tal vez maleada, gente que donde ve una oportunidad aprovecha, esto puede ser para bien o para mal.

Pero es un riesgo que solo aquel que quiera disfrutar de él puede tomar. Cantinas, tablas, depósitos, son lugares donde los puedes encontrar, Nunca te encontrarás un chacal en algún lugar de moda, mucho menos en buenos sitios. Ten cuidado con los estafadores, aquellos que se hacen llamar chacal y que solo son unas ‘chacalocas” o “chacalones” esos que solo te sacarán un dinero mal invertido en una noche donde probablemente no tengas ni siquiera aquello que fuiste buscando.

Espero te sirva este texto mi estimado!. Te lo redacté con mucho esmero. Y aquí reúne en conjunto todo aquello que es un chacal.

Atentamente

-TORO-

martes, 25 de marzo de 2014

El aporte de los cómics al desarrollo de la aceptación del ser gay



La industria de los medios de comunicación ha registrado grandes apoyos a nuestra comunidad. El ejemplo más reciente lo vimos en Disney Channel donde incluyeron una pareja lesbiana en la serie Buena Suerte Charlie!

En diferentes países de nuestra región existen emisoras radiales abiertamente gays y revistas dedicadas solamente a nuestro universo, que promueven ideas de aceptación.

Desde hace varios años se han puesto al descubierto las inclinaciones sexuales de algunos personajes de la animación y video juegos, pero puntualizare en los cómics, sobretodo en el Universo Marvel con su colección editorial de Jóvenes Vengadores.

Los creadores de estos nuevos superhéroes no tienen problemas ni detractores por plasma en cientos de páginas la historia homosexual de dos de sus protagonistas.

Hulkling quien es bien parecido a Hulk, en la historia se llama Teddy Altman. Es un joven que posee súper fuerza y auto curación, es gay abiertamente.

Wiccan, su nombre real es Billy y lo apodan el Asgardiano por ser similar a Thor,  utiliza la magia como su principal poder, puede volar e invocar relámpagos, también es abiertamente gay.

Pero lo mejor del caso es que se unen en una relación de amor intenso, la cual fue aceptada por los máximos dirigente de la Marvel, llevándola a la distribución de dicha saga y convirtiéndola en un punto positivo hacia el desarrollo integral de las nuevas generaciones.








miércoles, 19 de febrero de 2014

lunes, 3 de febrero de 2014

Moda en el mundo gay



¿Se estarán invirtiendo los roles entre gays y heterosexuales?
Hoy vas caminando por la calle, vez a un chico muy bien vestido, todo está tan coordinado, el perfume delicioso, los espejuelos de sol le quedan espectaculares, el recorte y peinados son lo último en la moda, la ropa aunque un poco ceñida al cuerpo deja ver que debajo de esa tela hay un fabuloso cuerpo de gimnasio...enseguida lo miras, lo admiras y piensas en tu adentro..."Tiene que ser gay"...

Ser gay hoy día es símbolo del buen vestir, buena higiene corporal y de lo último en la moda.
No es que los hombres heterosexuales no se cuiden, pero ese cuidado extra, muy común en la gente gay, se ha extendido al mundo masculino heterosexual, lo cual ha creado un nuevo grupo social llamado "Los Metro sexuales". Estos no son otra cosa que hombres heterosexuales que se han dado cuenta que la virilidad no consiste en vivir en la era de las cavernas, tomar cerveza y oler a carburador de auto y que a sus mujeres le encanta el perfume, las rosas, y que su hombre esté bien acicalado.
Sin embargo, he aquí el fenómeno en reversa, los hombres gay, por el contrario, han descubierto la otra cara de la moneda. Muchos hombres gay, encuentran muy femenino el mucho perfume, inclusive, prefieren el olor a hombre natural. Algunos consideran al hombre demasiado bien vestido y coordinado, algo femenino y nada atractivo. Muchos se han dado cuenta que lo que los define como gay es su atracción por el hombre, el macho que huele a carburador, que toma, le encantan sus viejos jeans y que en vez de rosas les lleva una caja de cerveza.
¿Será que se están invirtiendo los papeles? pues nada de eso, es que mientras más gente haya en el mundo y más alternativas en estilos de vida existan, más sincera será la gente con sus gustos y menos regidos por parámetros sociales.
Una de las comunidades gay que ha practicado esta tendencia hacia lo más masculino desde hace años son los llamados "Leather", este nombre por el tipo de vestimenta que usan ya que su mayoría es hecha en cuero color negro, visten como motociclistas, fuman puros o habanos, no usan perfume y el desodorante no debe tener fragancia alguna.
Mucha gente gay, considera este grupo algo extremista, o demasiado "Machista" en sus prácticas. Sin embargo, observando el mundo general gay masculino, podemos notar que a la par con la aceptación social sobre ser gay, han ocurrido grandes cambios en el comportamiento general en esta comunidad. Aunque siguen de moda los cuerpos perfectos y musculosos en los bares y discotecas, entre los hombres gay, se ve una nueva tendencia a ser menos perfectos y simplemente más humanos.
En los ochenta y noventa, la tendencia era afeitarse todos los bellos corporales y tener una seductora y moldeable cabellera, a veces tan llena de productos que había que echar a la basura la ropa de cama el día siguiente. Hoy día, vemos muchas más cabezas rasuradas y cuerpos con todos sus bellos, en el pecho, en las piernas y en otros lugares más secretos. Otro asunto son las barrigas, antes, si no tenías un "Six Pack" y estabas liso como una tabla de planchar, olvídalo, no estabas entre el grupo "In". Hoy en día son muchas las barriguitas que son solicitadas y admiradas en las barras, claro, hay sus límites.AP

Pero una barriguita pequeña también es símbolo de buena vida y masculinidad, ya que deja ver que tan poco eres tan pretencioso.
Igual en la vestimenta, vemos muchas "T shirts" más sueltas y no tan ceñidas al cuerpo, los cabellos más despeinados y menos preocupación por el que dirán o tener que ser el centro de atracción.
Tal parece que luego de plantar bandera en el mundo y hacer suficiente ruido para dejarnos notar como comunidad, nos estamos naturalmente adentrando en una era donde lo importante es hacer, vestir, hablar, comer y vivir de la forma en que a cada cual le plazca, convenga y le haga más feliz.

martes, 17 de diciembre de 2013

lunes, 16 de diciembre de 2013

EXCESOS DE LA MASCULINIDAD - Parte II



La cultura bear (osos)

A finales de los 80 el barrio de Castro, en San Francisco, era ya muy conocido como un espacio gay: proliferaban los locales de ambiente, librerías, cines, restaurantes, la mayor parte de los residentes en el área eran gays, y numerosas organizaciones tenían sus sedes en el barrio. 

El Castro no era ajeno a la estética del momento; por sus calles era frecuente ver paseando chicos de porte atlético, bien afeitados, jóvenes, elegantemente vestidos a la moda, afanándose en reproducir el modelo de belleza gay imperante. Pero, en esa misma acera, empezaban a aparcar sus motos unos tipos de aspecto muy distinto: barbudos, barrigudos, corpulentos, con las piernas enfundadas en viejos vaqueros y el vello del pecho asomando de la camisa de leñador entreabierta: los osos. Nadie sabe con seguridad cuándo se empezó a generalizar el uso de esta denominación, pero todo apunta a dos referencias: el bar Lone Star y la revista Bear Magazine. De hecho existía cierto lazo con la propia comunidad leather, ya que algunos moteros exhibían de forma orgullosa la barriga y la barba como señas de identidad, y se reunían también en el Lone Star. (Este vínculo persiste hoy en día, de forma que en la comunidad leather es fácil ver personas de aspecto osuno, y en los bares ‘bear’ encontramos a veces algunos osos con estética leather.)

Cuando aparece por primera vez el Bear Magazine, se produce un fenómeno social sin precedentes. La revista se agota en pocos días y comienzan a llegar a la redacción cientos de cartas eufóricas celebrando el contenido de la revista: por fin una revista con fotos de hombres peludos, gorditos, con barbas pobladas, y... sorpresa: ¡no superdotados! Pero vayamos por partes. ¿Qué es eso de "por fin"? La revista acababa de inaugurar la posibilidad de un reconocimiento distinto, un espacio de representación nuevo, había presentado una imagen de "cuerpo deseable" hasta entonces atípica, que sin embargo produjo la identificación de un enorme número de personas. Los lectores expresaban básicamente dos ideas: "a mí me encantan ese tipo de hombres, pero pensé que nadie compartía mi gusto", y también: "yo tengo ese aspecto, pero creía que yo no era deseable".

Los editores de la revista eran conscientes de la diferencia que querían marcar respecto a la imagen típica del cuerpo. Se posicionaron explícitamente criticando el imperio de ese cuerpo normalizado por la moda, excluyente de otras estéticas y formas de deseo. Esa reflexión política sobre el cuerpo tenía otra vertiente: los hombres que aparecían en las fotos tenían penes normales, no esas pollas descomunales de las revistas del mercado. Ello favoreció aún más la posibilidad de identificación de los lectores, liberándoles de los complejos de inferioridad que se suelen dar cuando uno se compara con semejantes prodigios de la naturaleza. Y, finalmente, los osos no eran necesariamente jóvenes: en la revista aparecían frecuentemente hombres maduros, mostrando gozosamente su desnudez (los osos polares, de hermosas barbas canosas).

El fenómeno bear se difundió rápidamente en EEUU y Canadá, y poco más tarde por Europa, Australia y Japón. Se fundaron numerosos clubes, se abrieron bares de osos, se crearon cientos de páginas de Internet, y se comercializaron otras revistas (Husky Magazine, American Bear, Bulk Male, Big Ad, etc.), vídeos y complementos ursinos. En 1997 aparece el primer ensayo sobre el mundo de los osos gays, un estudio donde se analiza el origen de este movimiento, sus características y las implicaciones sociales que está teniendo  ("The Bear Book. Readings in the History and Evolution of a Gay Male Subculture", por Les Wright (editor). Harrington Park Press, Binghamton, Nueva York, 1997). En el Estado español se crean los primeros colectivos de osos a mediados de los años 90, y desde entonces han crecido hasta formar grupos en casi todas las comunidades autónomas. Bares como el Bear Factory en Barcelona, el HOT en Madrid o El hombre y el oso y el Man to man en Sevilla con referencias muy populares del movimiento oso del Estado español.

Los osos han producido un efecto de subversión en dos ámbitos diferentes: dentro del mundo gay, el movimiento oso es una estrategia de resistencia contra la tendencia dominante de valoración de un tipo de cuerpo/edad (danone/joven), está generando nuevos espacios de relación y de disfrute, y ha demostrado que existe una diversidad mucho mayor en las formas de relacionarse de los gays que la que se ofrece habitualmente en los medios de comunicación (incluidos los medios gays). En el ámbito heterosexual, la imagen de dos hombres barbudos besándose resulta tremendamente inquietante, rompe el molde tópico del "mariquita-loca-afeminado" que es tan útil para los héteros a la hora de distanciarse de los gays y de marcarles como una cosa rarita, ajena a ellos. Esto es distinto, la estética de los osos es cercana para el mundo heterosexual, demasiado cercano: el carnicero del barrio de la barba negra que te vende las morcillas o el fontanero de brazos peludos y bigotes que viene a repararte las cañerías pueden ser gays ("¡quién lo iba a decir!"). En el capítulo siguiente estudiaremos esa ‘cercanía’ en lo que supone de parodia de la masculinidad.

2. La masculinidad en cuestión: las subculturas leather y bear como performances de género.

La subcultura leather – SM y la subcultura de los osos tienen una relación paradójica respecto a la masculinidad. Por una parte se basan en el exceso, en una puesta en escena que muestra el carácter preformativo del género. Por preformativo entendemos el análisis que desarrolla Judith Butler en su libro El género en disputa. Butler toma la noción de Austin de actos preformativos y, a partir de la elaboración que de ella hace Derrida, la utiliza para mostrar que el género en sí mismo es una ficción cultural, un efecto preformativo de actos reiterados, sin un original ni una esencia:

“El género no debe interpretarse como una identidad estable o un lugar donde se asiente la capacidad de acción y de donde resulten diversos actos, sino, más bien, como una identidad débilmente constituida en el tiempo, instituida en un espacio exterior mediante una repetición estilizada de actos. El efecto del género se produce mediante la estilización del cuerpo y, por lo tanto, debe entenderse como la manera mundana en que los diversos tipos de gestos, movimientos y estilos corporales constituyen la ilusión de un yo con género constante. Esta formulación aparta la concepción de género de un modelo sustancial de identidad y la coloca en un terreno que requiere una concepción del género como temporalidad social constituida. Es significativo que si el género se instituye mediante actos que son internamente discontinuos, entonces la apariencia de sustancia es precisamente eso, una identidad construida, una realización preformativa en la que el público social mundano, incluidos los mismos actores, llega a creer y a actuar en la modalidad de la creencia. [...] Las posibilidades de transformación de género se encuentran precisamente en la relación arbitraria entre tales actos, en la posibilidad de no poder repetir, una deformidad o una repetición paródica que revela que el efecto fantasma tico de la identidad constante es una construcción políticamente endeble. [...] El hecho de que la realidad de género se cree mediante actuaciones sociales continuas significa que los conceptos de un sexo esencial y una masculinidad o una feminidad verdadera o constante también se constituyen como parte de la estrategia que oculta el carácter preformativo del género y las posibilidades preformativas de que proliferen las configuraciones de género fuera de los marcos restrictivos de dominación masculinista y heterosexualidad obligatoria.

Llevando esta reflexión al terreno de las dos subculturas que nos ocupan, podemos afirmar que ese exceso de “masculinidad” que muestran las estéticas y prácticas leather y bear no son una reafirmación de una ‘esencia’ o una ‘naturaleza masculina’ que habría sido arruinada por las maricas locas y que habría que recuperar. Precisamente la exhibición tan explícita que se hace del exceso masculino, sobre todo en la cultura leather – SM, muestra la fragilidad de la masculinidad. De hecho, muchas de las prácticas SM no se centran ya en el pene erecto y en la eyaculación, sino que desplazan el interés a otras partes del cuerpo o se dedican a practicar manipulaciones de los genitales que muestran su vulnerabilidad (atar los testículos, atravesar el pene con alfileres, pequeñas descargas eléctricas, pinzas, etc.). 

Esta mostración y celebración de la vulnerabilidad genital supone un giro histórico en la representación de la masculinidad, donde el presunto falo centrismo de las prácticas gays se ve cuestionado radicalmente.

En el caso de la cultura bear, la representación es de otro tipo, se trata de una replicación de “lo natural”. El hombre bear juega con una presunta naturaleza salvaje, una masculinidad idealizada que enlaza directamente con lo animal y que rechaza –aparentemente- los suplementos de la cultura gay dominante (interés por la moda, refinamiento, amaneramiento, maquillaje, afeminamiento, etc.). Pero también en este caso se trata de una naturaleza que nunca estuvo allí, es decir, se recrea performativamente una estado natural-animal que jamás han experimentado los seres humanos. En ese sentido, la fragilidad de la masculinidad se muestra en la laboriosa reconstrucción, en la imposible nostalgia de un “hombre natural” que es recreado en la estética bear.

Este doble juego de natural-artificial se muestra claramente en la revista Bear Magazine. En la cabecera de la portada reza el siguiente frase: “Masculinity without the trappings” (Masculinidad sin adornos). Sin embargo, en su interior la mitad de las páginas de la revista son anuncios de complementos para la construcción del oso ideal, es decir, esos adornos de los que renegaba en la portada: gorras, tirantes, camisas de cuadros tipo leñador, botas de montaña, vaqueros, cinturones... Incluso la barba, elemento clave de esta cultura, suele aparecer cuidadosamente recortada en los modelos de la revista.

Se trata una vez más de una estilización de la conducta, pero es importante señalar que la masculinidad heterosexual participa exactamente del mismo proceso. El hombre heterosexual aprende desde el nacimiento unos códigos que va a repetir continuamente, y que marcarán su experiencia subjetiva de la masculinidad. Pero esos códigos no son menos artificiales que los de un leather o un oso. Es más, podríamos decir que ‘la heterosexualidad’ es uno de esos rasgos que constituyen la masculinidad ideal. Lo interesante de los leather y los osos es que utilizan los códigos masculinos pero al final se produce una traición, no son hombres ‘de verdad’ porque son gays.

En este sentido, podríamos denominar a los practicantes de la cultura leather y la cultura de
los osos como drag-kings.  

Aunque esta denominación se suele aplicar a mujeres que se disfrazan de hombres con el fin de mostrar el carácter preformativo de la masculinidad, no hay razón para excluir a los hombres como posibles drag-kings, si en su práctica producen un cuestionamiento parecido. Como dice Judith Halberstam en su obra clásica queer Female Masculinity:

“Un drag king es generalmente una persona de sexo femenino que se viste de hombre de forma reconocible y que realiza de este modo una performance de tipo teatral”.

Es importante recordar que “vestirse de hombre” es algo que los hombres aprenden; los hombres “biológicos” repiten unos códigos que les integran en la hombría “social” y en la masculinidad, pero esos códigos vienen dados por un contexto cultural concreto, no son propios de ningún sujeto a priori. Si llevamos al extremo esos códigos de la masculinidad, como hacen los leather y los osos, podemos mostrar y desenmascarar ese carácter teatral de toda identidad.

3. Doble lectura: ¿cuestionamiento de la masculinidad o reforzamiento de roles tradicionales?

Hasta aquí hemos hecho una lectura un tanto idealizada de estas dos subculturas, insistiendo en su carácter subversivo al introducir nuevas identidades dentro de los circuitos gays y dentro de los códigos de la masculinidad. Sin embargo hay siempre un envés en estos procesos sociales, se da la posibilidad de una asimilación a los sistemas de dominación heterocentrados.

La otra lectura que podemos hacer de estas subculturas va en la dirección contraria. Lo leather y especialmente lo bear plantea una posibilidad de normalización y de integración bastante peligrosa. Su parecido a la cultura heterosexual dominante hace que a veces se caiga en la tentación de recuperar el discurso plumófobo y normativo. Algunas corrientes de la cultura del cuero y de los osos son profundamente plumófobas (además de misóginas y lesbófobas), acusan a las locas de dar una imagen ridícula de los gays, y reivindican una masculinidad “normal” e integrada que busca la aceptación del colectivo heterosexual. Son argumentos del tipo: “soy normal, no quiero diferenciarme de los heteros, soy un hombre masculino, no quiero que se me note que soy gay, así me aceptan mejor, yo valoro a los hombres de verdad no a esas locas ridículas...”. En realidad este discurso supone un nuevo proceso de armarización, un uso interesado de la masculinidad para pasar ‘desapercibido’.

Esta lectura, profundamente conservadora, pretende recuperar la idea de un hombre natural, y vincularla de forma directa con la masculinidad (como si el binomio hombre=masculinidad tuviera sentido). Para la mirada heterosexual es también enormemente reconfortante, permite recuperar a un gay “sano”, que no cuestiona la masculinidad ni perturba sus códigos. Este proceso muestra la capacidad de los sistemas para asimilar e incorporar las nuevas identidades.

No obstante, siempre nos queda la posibilidad de retorcer de nuevo los códigos, de hacer proliferar nuevas subculturas que desestabilicen el sistema heterocentrado y su producción de géneros estables.

EXCESOS DE LA MASCULINIDAD - Parte I



LA CULTURA LEATHER Y LA CULTURA DE LOS OSOS

 Por Javier Sáez

 Barcelona, 14 marzo 2003

 Sinopsis: han surgido en la comunidad gay dos subculturas que mantienen una relación muy particular con la representación de la masculinidad: la cultura leather (de cuero) y la cultura de los osos (bears).  El discurso y las prácticas de ambas subculturas producen un efecto paradójico alrededor de las representaciones simbólicas y políticas de lo masculino: la cultura leather potencia los cuerpos y las actitudes híper masculinas, llevando el disfraz del cuero hasta un exceso que vuelve paródica la propia construcción de la masculinidad. La cultura de los osos intenta construir un cuerpo y unos valores "naturales" a partir de algunos valores tradicionales de la masculinidad: la barba, el vello corporal, el cuerpo fuerte, grande u obeso, la virilidad, la ausencia de afeminamiento.

 Nuestra tesis es que ambas estrategias suponen dos nuevas formas políticas de cuestionamiento de la masculinidad, a partir de una reinvención artificial basada en el exceso, estrategias que pone en cuestión cualquier presunta "naturaleza masculina".

1. Introducción: los orígenes de la cultura leather (cuero) y de la cultura bear (osos).
2. La masculinidad en cuestión: las subculturas leather y bear como performances de género.
3. Doble lectura: ¿cuestionamiento de la masculinidad o reforzamiento de roles tradicionales?

Introducción: los orígenes de la cultura leather (cuero) y de la cultura bear (osos).

 La cultura leather (cuero).
A comienzo de la década de los 50 aparecen en Estados Unidos los primeros colectivos gays que se identifican con formas y códigos tradicionales de la masculinidad. Hasta esa época las representaciones sociales y mediáticas de los gays se basaban en la imagen del homosexual afeminado, produciéndose en el imaginario social una identificación casi completa entre el gay y “lo femenino” (o, mejor dicho, con una imagen estereotipada de lo femenino): fragilidad, sensibilidad, estética delicada, dulzura, amaneramiento, etc. Es el prototipo de “la loca”, del gay con pluma.

Durante la segunda guerra mundial se crearon en el ejército numerosos lazos homo eróticos entre hombres que hasta ese momento habían vivido en el armario.

Incluso muchos de ellos sufrieron la represión homófoba que caracteriza al ejército y fueron expulsados del mismo. No obstante, al terminar la guerra algunos de estos hombres, atraídos por ciertos valores experimentados en el ejército, como la disciplina, el compañerismo, la solidaridad, la jerarquía, la indumentaria, las insignias, etc, deciden continuar reuniéndose en pequeños grupos de aficionados a las motos, donde se recrean estos códigos híper masculinos: relaciones de dominación y sumisión, motos, estética “dura” basada en el cuero como signo de identidad, y elementos característicos del cuerpo masculino: los bigotes, el vello corporal, los músculos, la fuerza física, etc. Los primeros grupos leather se constituyen en California alrededor de estos códigos en los años 50.

En 1954 se estrena la película The wilde ones, de Laslo Benedek, protagonizada por Marlon Brando. En esta película Brando hace de líder de unos de esos moteros marginales; los guionistas se habían basado en los pequeños grupos leather existentes en aquel momento. 
A su vez la película tuvo mucho éxito y realimentó la creación de una red cada vez más extensa de grupos  leather en los EEUU.     

En esa misma época Kenneth Anger realiza el corto Fireworks (1946) donde se muestra a sí mismo torturándose y en diversas escenas sadomasoquistas, y donde aparece por primera vez en la historia del cine una referencia a la incipiente estética leather. En otra película ya clásica de 1964, Scorpio Rising, Anger recogerá ampliamente los códigos de los grupos leather: clubes de moteros, fiestas con elementos satánicos, sadomasoquismo, música frenética, ceremonia de la vestimenta con el cuero, y estéticas militares (incluyendo el uso de esvásticas, un tema que creará mucha polémica dentro y fuera de las comunidades leather por sectores incapaces de comprender su uso como fantasía excitante).

A comienzos de los años 60 las comunidades leather gozan de cierta difusión dentro del mundo gay americano. De hecho, en 1962 la revista Life publica un reportaje sobre ellas a partir de un famoso mural de Chuck Arnett; según Life los leather representan  "el lado antifemenino de la homosexualidad" (veremos más adelante esta cuestión de lo leather como posible argumento plumófobo). A partir de ese momento California vive una importante inmigración de gays leather, de modo que a comienzos de los años 70 existe una abundante proliferación de bares y clubs donde se celebran fiestas y orgías con sofisticados códigos y nuevas prácticas sexuales (back-rooms, slings, fist-fucking, uso de dildos, importancia de la zona anal, prácticas sadomasoquistas, preocupación por la atmósfera que rodea las escenas, etc.).  Clubs como The Catacombs, Inferno o Shaw’s atraen a muchos gays de Estados Unidos y de Europa, entre ellos el filósofo Michel Foucault, quien hace una lectura muy interesante de las prácticas sadomasoquistas; en una entrevista afirma lo siguiente:

“El sadomasoquismo [...] es la erotización del poder, la erotización de las relaciones estratégicas. Lo más chocante del sadomasoquismo son sus abismales diferencias con el poder social. El poder se caracteriza porque constituye una relación estratégica que reside en las instituciones. La movilidad, dentro de las relaciones de poder, es sumamente reducida; ciertos bastiones son de todo punto inexpugnables porque se han institucionalizado, porque tienen un influjo perceptible en los tribunales, en la legislación. 
Las relaciones estratégicas interindividuales se caracterizan por su extrema rigidez.

El sadomasoquismo es, a este propósito, sumamente interesante ya que pese a tratarse de una relación estratégica se caracteriza por su flexibilidad. Hay claro está, dos papeles pero nadie ignora que esos papeles pueden intercambiarse. En ocasiones, al comienzo del juego uno es el amo y otro es el esclavo y al final el que era esclavo pasa a ser el amo. O incluso cuando los papeles son permanentes, los actores saben perfectamente que se trata de un juego, ya se cumplan las normas, ya exista un acuerdo, tácito o expreso, por el que se establecen ciertos límites. Este juego de estrategias reviste un enorme interés como fuente de placer físico. Pero no me atrevería a decir que se trata de una repetición, en la esfera de la relación erótica, de la estructura de poder. Es una representación de las estructuras de poder a través de un juego de estrategias capaz de proporcionar un placer sexual o físico. [...]

La práctica del sadomasoquismo termina por introducir un placer, que a su vez hace nacer una identidad, razón por la cual el sadomasoquismo es una auténtica subcultura; es un proceso inventivo. El sadomasoquismo consiste en la utilización de una relación estratégica como fuente de placer (de placer físico), hecho este, el de hacer uso de las relaciones estratégicas para proporcionar placer, que se ha producido en otras ocasiones. Ya en la Edad Media, la costumbre del amor cortesano, con el trovador, el cortejo entre la dama y el galán etc., era también un juego de estrategias. Tipo de juego que puede advertirse actualmente entre los jóvenes que frecuentan las salas de baile los sábados por la noche; incorporan relaciones estratégicas. El interés radica en que la esfera heterosexual, las relaciones estratégicas preceden al sexo; se justifican para llegar al sexo. En el sadomasoquismo, por el contrario, las relaciones estratégicas son parte integrante del sexo, un convenio de placer en el marco de una situación específica.

En el caso, las relaciones estratégicas son relaciones nítidamente sociales que afectan al individuo en tanto que miembro de la sociedad; mientras que en el otro lo que está en cuestión es el cuerpo. El interés radica precisamente en esa transposición de las relaciones estratégicas que pasan del ritual corporal al plano sexual.

La reflexión de Foucault es importante por varias razones: primero porque en lugar de hacer una lectura moral, psicologista o psicoanalítica de estas prácticas, las considera subculturas con un discurso propio, formas de asociación y de placer que a su vez son productivas, capaces de una inventiva respecto a la sexualidad y el placer, y basadas en códigos claros pactados. Esta visión se opone a la típica visión moralizante y negativa que existe sobre el sadomasoquismo, incluso entre algunos sectores normalizados del movimiento gay o películas manipuladoras como A la caza (Cruising) de William Friedkin, donde el ambiente leather se retrata como violento, asesino y peligroso.

A partir de estas prácticas leather y sadomasoquistas, y de algunos textos producidos por grupos políticos gays, la antropóloga lesbiana Gayle Rubin inicia una interesante reflexión sobre las diferentes sexualidades que también tendrá efectos en las propias políticas de las lesbianas en los años 80 y 90 y en las primeras referencias de la teoría queer. En lugar de analizar las diferentes prácticas de las culturas gays de los 70, (en especial la cultura del cuero y el sadomasoquismo,) en términos de fetichismo (Freud), o de ver en ellas huellas de un patriarcado machista y opresor (feminismo), Rubin hace una lectura de la sexualidad entroncada en la historia de las tecnologías, y en la producción material de los objetos de consumo, la historia de la transformación de las materias primas y la historia del urbanismo. 

En el SM (sadomasoquismo) la relación de los sujetos con estos objetos forman parte de la producción moderna del cuerpo y de la relación de éste con los objetos manufacturados. La novedad de este análisis es que” la historia de la sexualidad se desplaza desde el ámbito de la historia natural de la reproducción para formar parte de la historia (artificial) de la producción.

Este giro epistemológico de Rubin es muy importante para comprender la distancia que va a tomar la teoría queer respecto al psicoanálisis. Mientras que éste hace una interpretación simbólica de la relación del sujeto con los objetos en función de los avatares de la historia inconsciente del sujeto (con sus identificaciones, rechazos, represiones) en un entramado vital marcado por la castración (y donde el fetichismo es interpretado como una posición subjetiva por no poder asumir la no existencia del pene en las mujeres), Rubin va a concebir estas prácticas como parte de un dispositivo de tecnologías que reconfiguran el cuerpo y las relaciones entre los sujetos en un marco histórico y cultural concreto, y va a criticar al  psicoanálisis como un marco explicativo muy limitado a la hora de abordar la cuestión del fetichismo:

No veo cómo se puede hablar de fetichismo y de sadomasoquismo sin pensar en la producción del caucho, en las técnicas usadas para guiar y montar a caballo, en el betún brillante de las botas militares, sin reflexionar sobre la historia de las medias de seda, sobre el carácter frío y autoritario de los vestidos medievales, sobre el atractivo de las motos y la libertad fugaz de abandonar la ciudad por carreteras enormes. Cómo pensar sobre el fetichismo sin pensar en el impacto de la ciudad, en la creación de ciertos parques y calles, en los ‘barrios chinos’ y sus entretenimientos ‘baratos’ o la seducción de las vitrinas de los grandes almacenes que apilan bienes deseables y llenos de glamour. Para mí el fetichismo suscita toda una serie de cuestiones relacionadas con cambios en los modos de producción de objetos, con la historia y la especificidad social del control, de la destreza y de las ‘buenas maneras’, o con la experiencia ambigua de las invasiones del cuerpo y de la graduación minuciosa de la jerarquía. Si toda esta información social compleja se reduce a la castración o al complejo de Edipo o a saber o no lo que se supone que uno debe saber, entonces se pierde algo importante.

Volviendo a esta breve introducción histórica, hay que señalar un periodo de crisis en el movimiento leather y sadomasoquista SM con la aparición de la pandemia del sida a comienzos de los años 80. El sida, con sus efectos devastadores, supuso un cambio en las prácticas y en las formas de organización de estos colectivos. Las comunidades leather-SM reaccionaron rápidamente e iniciaron fuertes campañas para implantar el sexo seguro, con iniciativas mucho más organizadas y precoces que las de las propias administraciones Reagan-Bush, cuya pasividad supuso una especie de genocidio planificado. Los cuartos oscuros y las saunas fueron cerrados por las autoridades (sin medidas complementarias de tratamiento o información), de forma que los colectivos leather-SM tuvieron que reorganizarse en clubes privados con fuertes medidas de higiene y seguridad. Hoy en día algunos locales y saunas de EEUU han vuelto a abrir pero sigue habiendo bastantes limitaciones para practicar el sexo en ellos. En este sentido, los locales leather-SM europeos son mucho más abiertos, y compaginan la posibilidad de encuentros sexuales y fiestas leather-SM con medidas de higiene y seguridad importantes (preservativos, guantes de látex y gel gratuitos, folletos informativos, etc.).

En la actualidad las comunidades leather y SM están extendidas por muchos países del mundo, organizadas en clubes, asociaciones, locales, páginas web, libros y revistas especializados, y nutren numerosos movimientos artísticos (Mapplethorpe, Espaliu, Catherine Opie, Tom de Finlandia, cine porno, The Leather Archives and Museum en Chicago...). Quizá han perdido algo del carácter clandestino y transgresor que tenía en los años 60-70, pero por otra parte su visibilidad supone un reto a los intentos de normalización que se ciernen sobre la comunidad gay.